Ucronía Ucrania

 

por Aldo Ternavasio

Lenta pero persistentemente venimos viendo cómo el discurso y las prácticas de ultraderecha se fueron normalizando en las sociedades autocaracterizadas como democracias occidentales. Lo que primero parecía un rebrote ‘patológico’ de conservadurismo o, lisa y llanamente, de neofascismo, finalmente fue un corrimiento muy profundo y extendido de la normalidad liberal hacia un estado de ánimo que hoy se expresa como voluntad de excepción.

Si contra la invasión de Irak millones de europeos se movilizaron con ánimo de paz, es decir, de consumir y no matar, hoy todo parece indicar que se instaló una nueva sensibilidad: matar para poder consumir en paz. El deseo se retroalimenta con el consumo hasta alcanzar su límite absoluto: la guerra como consumo total. El consumo es la continuación de la guerra por otros medios. Ésto es, finalmente, lo que quiere decir «nuestra forma de vida». Dicho brevemente, Europa adoptó un ethos que hasta hace muy poco era el sello distintivo de la cultura norteamericana. Los norteamericanos entienden casi sin proponérselo que la libertad de consumir y de matar son deberes cívicos.

Cuando digo consumo me refiero a una forma que impregna la (casi) totalidad de los intercambios que constituyen nuestras vidas cotidianas. Cosas, signos, afectos, arte, palabras, sexo… La manera en la que nos relacionamos con los otros y con nosotros mismos. Esa normalidad, impulsada primero por del deseo de dejar atrás las guerras mundiales y luego por la contraofensiva neoliberal parece hoy lista para saltar a otra etapa. El notorio giro en la retórica y las medidas contra Rusia luego de los primeros días de la invasión, dan cuenta de ésto. Finalmente, todo sucede como si hubiese cristalizado la convicción de que es la hora de la espada.

La asordinada doctrina de la destrucción mutua asegurada que selló la paz nuclear como un apocalipsis siempre momentáneamente en suspenso, retornó al centro de la escena. Ha comenzado una pulseada que puede resolverse o en una variación de las relaciones de poder actualmente existentes o en una guerra que lo haga estallar sin resultados previsibles. Lo tremendo de ésto, aparte del horror de la guerra, es que hace al menos una década que activistas y/o intelectuales de todo tipo lo vienen advirtiendo a viva voz.

Vemos como los neofascistas de Vox y los ‘socialistas’ del psoe y algunos sectores progresistas repentinamente hablan el mismo lenguaje. Que en Argentina una Patricia Bullrich, un Berni, un Macri, un Milei puedan esgrimir ciertas coincidencias nos muestra el carácter planetario de la etapa que estamos atravesando. Poco importa que Putin haya financiado a Le Pen, a Salvini, a Orban o a Vox, porque el financiamiento llega de todas partes. ¿Es Jeff Bezos, el CEO de Amazon menos oligarca que Román Abramóvich? Hoy, en Europa, el neoliberalismo encubre al neofascismo y acusa de proruso a todos los que se opongan a la escalada bélica.

Que una universidad italiana haya suspendido un curso sobre el autor de Crímen y castigo puede parecer anecdótico, pero no lo es. Como con otras tantas cancelaciones, ésta apunta a consolidar una conciencia específica que eventualmente podría llegar a sonar así: «los europeos no somos como los rusos, y, por lo tanto, podríamos matarlos si fuese necesarios». Y sienten que pueden hacerlo, porque sienten que deben hacerlo.
Claro, siempre está el problemita de las armas nucleares. Josep Borrell (Alto representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad y cuadro político del PSOE), que lleva el mismo que el miliciano republicano de la impactante fotografía de Robert Capa (la imagen y los fotógrafos que en realidad la tomaron tienen una historia muy interesante que para ahora no mencionaré), habla de Rusia como si no hubiese otra posibilidad que su exterminio. ¿Realmente alguien cree que mandar armas y mercenarios a Ucrania ayudará en algo a salir de esta situación?

Todo podría ser un paso de comedia europeo para quedar lo mejor parado frente a una negociación que parece inevitable. Podría ser. Afortunadamente, por lo que se conoció esta mañana pareciera que habría una posibilidad de declarar un alto el fuego y negociar. No obstante, no está claro que eso sea lo que quieren los europeos.

Se llama ucronía al genero literario que narra una historia real pero imaginando cómo habría sido el resultado si algún hecho hubiese sido diferente. Por ejemplo de ucronía podría ser un relato en el que el burócrata Josep Borrell se sentiría heredero del miliciano Federico Borrell, cuando en realidad es lo contrario. El PSOE es producto del triunfo de los franquistas y el pacto de impunidad de la Moncloa en el que el fascismo le pasó la posta al neoliberalismo.

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