Nuevo modo de antisemitismo: un genocidio como espectáculo

Por Fernando Rovetta (h)
“La cólera de los imbéciles devasta hoy la tierra.” Este rotundo estribillo es conjugado por George Bernanos en diversos capítulos de su ensayo de 1938. Su certero diagnóstico aludía al golpe militar franquista respaldado por Hitler, Mussolini y Salazar, tolerado por Inglaterra, Francia y Estados Unidos.
De un modo más atemperado, Boaventura de Sousa Santos sostenía el 4 de abril de 2023 que ante “el ensordecedor silencio de los intelectuales … se han naturalizado las guerras y se han devaluado las democracias.” La denuncia del ensayista católico francés, en vísperas de la II Guerra Mundial, queda así actualizada por el sociólogo portugués si consideramos a quienes como Netanyahu, Trump o Milei usaron herramientas democráticas para provocar un genocidio en ondas expansivas.
El exterminio de gazatíes por bombas, hambre, sed y escasez de medicamentos o ayuda humanitaria, a la luz de todo el mundo, es el más evidente. Hace 80 años EEUU destruyó Hiroshima con una bomba equivalente a 15.000 tn de TNT. En los últimos meses, Israel destruyó Gaza con 70.000 tn de TNT, esto equivale a 4,5 veces más de lo empleado en 1945, como denuncia Francesca Albanese, relatora de la ONU para Palestina, en su Informe Anatomía de un genocidio.
Junto a ese cruel genocidio físico en Palestina, se produce un genocidio moral de quienes conociéndolo no lo denuncian. En este círculo se encuentra buena parte de la humanidad. Josep Borrell, que fuera Alto Comisionado de Relaciones Exteriores de la UE, afirmó: “Europa sigue mirando para otro lado. Europa ha perdido su alma en Gaza… ya nadie creerá que defendemos los derechos humanos.”

Dentro de este genocidio moral, además de los que miran para otro lado, el grado más perverso lo encarnan aquellos israelíes que desde el Mediterráneo, o desde zonas elevadas, celebran el espectáculo dantesco de estos nuevos “grandes cementerios bajo la luna” de Gaza. El embajador de Palestina en España no dudó de calificar esto como “demoníaco”.
Con el reciente ataque al equipo de prensa de Al Jazeera, ascienden a 238 los periodistas asesinados por Israel en estos últimos 22 meses. Son más que todos los periodistas muertos en las dos Guerras Mundiales y las de Vietnam, Iraq y Afganistán. Se mata a quienes ponen palabras para interpretar las crudas imágenes. Esto confirma y actualiza lo que Giovani Sartori (1979) calificaba como una involución: las palabras con las que entiende y puede cuestionar el homo sapiens “han sido destronadas por las imágenes del homo videns.”
A quienes denunciamos el genocidio sionista en Gaza, en consonancia con Francesca Albanese, o los gobiernos de Sudáfrica, Colombia, Bolivia o Chile, se nos acusa de antisemitas. Lo hemos escuchado recientemente en la Facultad de Derecho y luego en Colegios de la Universidad Nacional de Tucumán.
No obstante, cabe refutarles que denunciamos este genocidio -del mismo modo que repudiamos el Holocausto- porque estamos en contra de todo antisemitismo, también del sionista. El genocidio en Gaza también es antisemita, porque los palestinos son semitas, es decir, descendientes de Sem. Recuérdese que según el Génesis: Sem fue hijo de Noé (Gn, 6,10), para muchos, su primogénito. Abraham -padre de creyentes para las tres religiones monoteístas- tras varias generaciones, es descendiente de Sem, y tuvo su primer hijo Ismael con la egipcia Agar (Gn 16, 1-4), de donde provienen los árabes, y con su esposa Sara a su segundo hijo Isaac (Gn 21, 1-3). Finalmente, Isaac fue padre de Jacob, del que provienen las 12 tribus de Israel. Luego, por vía paterna son tan semitas los árabes como los judíos. Esta genealogía ha sido analizada por Fernando Díaz Villanueva en su libro Los hijos de Sem: breve historia de los árabes.
Por todo ello, la antropóloga de origen judío Rita Segato prefiere declararse “ex humana” porque, sostiene: “no quiero pertenecer a una especie siniestra y genocida”. Cuando el periodista que la entrevista le recuerda que esta violencia tiene muchos antecedentes, como el genocidio armenio durante la I Guerra Mundial, ella contesta que incluso la Shoa, “no era algo expuesto a la humanidad. Se sabía, pero estaba oculto. Ahora no, se muestra…”
Con anterioridad, en agosto de 1941, W. Churchill había sentenciado: “estamos en presencia de un crimen sin nombre.” Luego fue el polaco de origen judío Rafael Lemkim -citado por Albanese- quien propuso llamar genocidio a esta “amalgama de diferentes actos de persecución y destrucción”, desde “la eliminación física hasta la desintegración forzosa de las instituciones sociales, la cultura, la lengua, los sentimientos nacionales y la religión de un pueblo.” Finalmente, la Convención para la prevención y sanción del delito de genocidio, de 1948, en su artículo 2 tipifica como tal delito a:
- 1. Matanzas…,
- 2. Lesiones graves a la integridad física o mental de un grupo…”
Definición que es asumida por el Estatuto de Roma (2002, art.6) que regula el accionar de la Corte internacional de Justicia. En otros tiempos, ese tipo de acciones criminales -como bien señala Segato- eran ocultas; así, por ejemplo, la desaparición forzada de personas que aplicó el Plan Cóndor en América Latina. Ahora estamos ante matanzas, lesiones graves…y
- “3. Sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física total o parcial” (CPSDG, a2, ER ,a.2); pero esta vez no se ocultan, se muestran junto a quienes las celebran.
Estamos nuevamente en un mes de agosto, 84 años después, ¿necesitaremos, acaso, un nuevo nombre para estos crímenes?
Este tipo de delitos de lesa humanidad, la lesionan en un doble sentido. Cuantitativamente, porque los ocho mil millones de humanos que habitamos el planeta estamos siendo interpelados por esas imágenes: denunciar esos hechos o no hacerlo, that is the question. Cualitativamente, porque si optamos por mirar para otro lado, involucionamos. La pregunta es: ser o no ser humanos; poner en acto nuestra humanidad o dejar que continúe agonizando hacia una distopia. A diferencia de la ley de la jungla, respetar al más débil es lo propio de nuestra especie. Por ello, Luigi Ferrajoli define a los derechos humanos como la ley del más débil.
En la presentación del libro Antisemitismo: definir para combatir, del Dr. Ariel Gelblung, el pasado 23 de julio en la Facultad de Derecho, se cuestionaba solo un modo de antisemitismo, el parcializado, y se negaba un genocidio, pero no hubo espacio para preguntas. Esto contradice la premisa de que las universidades deben ser el espacio del pensamiento crítico y dialogante. Consideremos, por ejemplo, las declaraciones de dos grupos de rectores semitas.
La reciente Carta abierta de los rectores de Gaza (de las Universidades: de Al Aqsa, Al-Azhar, e Islámica de Gaza) recogían una declaración anterior elaborada por Académicos y Administradores Palestinos (19/05/24): “las fuerzas de ocupación israelíes han demolido nuestros edificios, pero nuestras universidades siguen vivas”. Y concluían: “Hacemos un llamamiento a las comunidades académicas de todo el mundo… El tiempo de la solidaridad simbólica ha pasado. Ahora pedimos y necesitamos colaboración práctica, estructurada y duradera.”
Acaso como respuesta a este pedido, cinco rectores israelíes de tres Universidades (de Tel Aviv, Hebrea de Jerusalén, y Abierta de Israel) y dos Institutos (de Ciencias Weizmann, y de Tecnología de Israel) el 28/07/25, sostenían: “Como nación víctima del Holocausto, tenemos el deber de prevenir y abstenernos de causar daños crueles e indiscriminados a hombres, mujeres y niños inocentes.”
Otros dos grupos de académicos, esta vez de habla hispana, parecen sintonizar por anticipado con el diálogo entre semitas. La Conferencia de Rectores de las Universidades españolas (CRUE) el 09 de mayo de 2024, exigía: “El cese inmediato y definitivo de las operaciones militares del ejército israelí, así como de cualquier acción de carácter terrorista, y la liberación de las personas secuestradas por Hamas. Que el Estado de Israel respete el derecho internacional y permita la entrada en Gaza de toda la ayuda humanitaria…”
Y con anterioridad, el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), reunido el 14 y 15 de julio de 2023 en la Sede CABA de la Universidad Nacional de Luján, anticipaba sus conclusiones en el nombre del Foro Internacional «La cuestión Palestina y el uso del antisemitismo como intolerable chantaje».
Todo lo anterior nos lleva a recordar que en la historia de la filosofía hay una antológica discrepancia entre Platón y Kant. El mayor discípulo de Sócrates, tras presenciar el juicio y condena de su maestro, sostiene en su obra República, que los males del mundo se acabarían si reinaran los filósofos. Por el contrario, para Kant no conviene desear que los filósofos gobiernen o que los gobernantes pretendan filosofar, porque el ejercicio del poder obnubila el uso de la razón. Ahora bien, es necesario que quien gobierne respete y sepa escuchar las críticas que puedan hacerle quienes filosofan.
Comenzamos recordando el diagnóstico de Bernanos: sobre la cólera de los imbéciles, y creemos que tal calificativo se ajusta a quienes ejercen el poder de un modo narcisista, sin escuchar crítica alguna. Son las comunidades educativas y de investigación, como las universidades, el CONICET o el CLACSO quienes una y otra vez deberán alzar la voz para que la Tierra no sea devastada, para que los genocidios no hagan metástasis, para que la infancia -al menos, la infancia- sea respetada.
Y concluimos dejando flotando una última pregunta. El 11 de mayo de 1960 uno de los responsables de Auschwitz, Adolf Eichmann, fue capturado en Buenos Aires y llevado a Jerusalem donde fue condenado a muerte el 1 de julio de 1962. Ante la inminente visita de Benjamín Netanyahu a Buenos Aires, ¿no sería deseable que un juez hiciera efectiva la orden de captura del 20 de mayo de 2024 emitida por el Fiscal Jefe de la Corte Penal Internacional, para que pueda ser juzgado y acaso condenado a cadena perpetua? Se trataría de garantizar la convivencia basada en reglas, y de tomar en serio al derecho internacional y a nuestra humanidad.
*Especialista en DDHH (UCLM), Doctor en Filosofía (UNED-Madrid). Profesor UCLM.
Imagenes: Amnistía Internacional. EPA.