“Estamos en un proceso claro de destrucción de derechos»

ENTREVISTA A FRANCISCO “BARBA” GUTIÉRREZ / El dirigente de los metalúrgicos analiza los cambios políticos y sociales que produjo la llegada de Cambiemos al gobierno con las graves consecuencias en curso sobre el mundo laboral, los quiebres en la heterogénea estructura sindical y el rol que asumirá el sindicalismo argentino frente a la restauración neoliberal.

Por Eduardo Núñez Campero y Adriana Gil

-A dos años y medio de gobierno de Cambiemos, ¿qué consideraciones puede hacer sobre sus políticas de despidos y flexibilización de las condiciones laborales?

Los despidos se siguen produciendo, aunque a un ritmo menor en nuestro sector el metalúrgico, y la flexibilización, que en realidad es trabajo precario, avanza al ritmo que se lo permite una situación laboral ya de por sí muy complicada a la que los trabajadores se han opuesto desde las calles. La realidad es que estamos reeditando un modelo ya conocido que se implementó desde la dictadura y hasta el 2002. Hasta ahora hemos logrado frenar una mal llamada reforma laboral, donde de lo que se trata es de seguir precarizando el trabajo. Esto en contraposición con los importantes beneficios que obtienen los grupos concentrados. Están llevando adelante un proceso para “disciplinar” y lograr imponer condiciones que son propias de otro siglo. Le cambian los nombres a medidas que son claramente regresivas, “modernización”, “sinceramiento” a la devaluación, y la última que escuché es una justicia que actúa por “convicción” en lugar de pruebas. Estamos en un proceso claro de destrucción de derechos.

– Cuando el presidente Macri proclama con entusiasmo que, con su gobierno, Argentina “ha retornado al mundo”, ¿a qué mundo se refiere en su opinión?
Pareciera que el gobierno se refiere a un mundo que ya ha dejado de existir. Apostaron por el libre comercio y resulta que los países centrales son más proteccionistas que nunca. Claro, siempre vendiéndonos el cuento del libre comercio. Tenemos los ejemplos del biodiesel, últimamente de los aranceles al acero y el aluminio, la negativa de Francia a firmar el TLC UE-Mercosur, en fin, mil ejemplos de que el gobierno ha entrado al mundo, pero a contra mano y seguramente chocaremos de frente más temprano que tarde.

– En EEUU y la Unión Europea las leyes de flexibilización vienen desmontando la estructura de protección laboral ¿hasta dónde cree que el macrismo puede avanzar? ¿Considera que hay la suficiente combatividad en el sindicalismo argentino para frenarlas?
Primero deberíamos señalar que estamos en una gigantesca ola neoliberal y conservadora a nivel regional y mundial, por las buenas o por las malas, como en el caso de Brasil. Los sectores progresistas, anti neoliberales, de izquierda, o como le queramos llamar no dieron las respuestas que los pueblos esperaban; sumado a una fenomenal campaña mediática y por supuesto, algunas traiciones, los votos en Argentina dieron el triunfo al actual modelo. En muchos casos, los trabajadores mismos han respondido a un perverso sentido común que los llevó a acompañar las actuales políticas. Hoy muchos se han dado cuenta, pero es muy tarde. Habría también que pensar que, si no hubiese sido por los votos, quizás hubiésemos corrido la suerte de Brasil.
¿Hasta dónde puede llegar el macrismo? Creo sinceramente que hay dos temas que marcarán hasta dónde puede llegar el gobierno. En primer lugar, una realidad que ya no contempla el modelo al que el macrismo quedó atado, lo más evidente es que el mundo se cerró y nosotros vamos por el libre comercio y eso está matando a las PyMes y por supuesto, al trabajo. Sumemos que las tasas están subiendo y van a seguir subiendo, con lo cual nuestra deuda externa, que ya está esta fuera de control, y que fue posible por el bajo nivel de endeudamiento que recibieron, se volverá impagable. Una historia que ya hemos vivido y que los metalúrgicos conocemos muy bien. Entonces en primer lugar, llegará hasta el freno que le pondrá el contexto mundial, que en cualquier momento le soltará la mano porque ya no tienen confianza y habrán hecho sus negocios,
El otro freno, serán los trabajadores en la calle. Eso se hizo visible en diciembre cuando intentaron imponer la estafa de una reforma previsional que tiende a la privatización. El tema del nivel de combatividad, no es algo que se determina de antemano. Los trabajadores van a responder como siempre lo han hecho defendiendo sus derechos. Ahí ya no hay una cuestión de dirigentes, los que definen la combatividad son los compañeros, y los dirigentes tendrán que responder en consecuencia o correrse. No podemos olvidarnos que muchos compañeros acompañaron con su voto este “cambio”, ahora empiezan a ver las consecuencias, sienten que les mintieron y la respuesta tendrá el grado de combatividad que haga falta si el gobierno se niega a escuchar.

– El ex ministro de Educación Esteban Bullrich propuso introducir el “disfrute de la incertidumbre” en las nuevas generaciones ¿Cuál es su lectura de esta idea? En su opinión ¿puede plantear esto un mundo laboral sin límites para la explotación?
Eso del “disfrute de la incertidumbre” es una burrada de alguien muy satisfecho y con la panza llena. Ningún país se ha logrado desarrollar, no crecer, desarrollar, en medio de la incertidumbre. Por el contrario, siempre en los procesos de industrialización más tardíos, me refiero a los países que se industrializaron o intentan hacerlo después que los países centrales, el Estado ha fijado siempre normas y pautas que daban certeza al capital por un lado, y a los trabajadores, por otro. No digo que fueran las mejores condiciones, pero las reglas que ponía el Estado no dejaban lugar a la incertidumbre. La “incertidumbre”, el “azar” es más propio de una economía de “casino”, de “timba”, que es lo que tenemos ahora. Esos conceptos parecen surgidos de Durán Barba, para instalar una realidad que es inviable, y por supuesto, va en el sentido que usted dice, desmantelar, desde el discurso y podríamos decir, desde lo psicológico, las certezas que los trabajadores tienen respecto a sus derechos y la dignidad que nos inculcó el general Perón.

– El trabajo es un modo de definir una identidad y su precarización afecta los lazos sociales. ¿Qué lectura hace de la creciente precarización laboral y qué riesgos advierte en relación a la estabilidad familiar y social?
La lectura es muy complicada, porque la precarización del trabajo en pleno siglo XXI no es otra cosa que el camino deshumanizante de un capital concentrado que ha tomado las riendas del Estado y lo maneja como si fuera una empresa privada. No tienen noción de las complejidades sociales y en lo familiar recurren a lógicas más propias de la fe que de la razón. Incluso en esto último, el Papa Francisco ya les ha dicho varias cosas, y nos les gustó. Están destruyendo la estructura familiar y se ve en que la mesa familiar se vacía para pasar a los comedores que el mismo presidente inaugura, cuando son la muestra de un retroceso en el trabajo y los salarios. Hablan de la familia, pero en realidad están dispuestos a sacrificarla en función de la ganancia para las empresas. Socialmente la precarización es más peligrosa y quienes venían a cerrar “la brecha” no han hecho más que ensancharla y generar más odio y como son conscientes de esto, están dispuestos a reprimir las justas expresiones sociales.

– La robotización es presentada como una inexorable exigencia para flexibilizar las normas laborales ¿Hay alguna forma de conjugar las ventajas de ese avance tecnológico y la seguridad laboral?
Por supuesto, hay formas de conjugar el avance tecnológico y la seguridad laboral. Estamos en una transformación profunda, pero ya hubo otras en la historia, la primera Revolución Industrial, la segunda, la tercera, ahora estaríamos en la cuarta. Le llaman “Industria 4.0” o “ciberindustria”. Ahora, lo que a mí me llama la atención y habría que pensarlo es que, por ejemplo, eso de Revolución Industrial 4.0 se utilizó por primera vez, si mal no recuerdo en una feria para la industria en Alemania, en 2011 o 2012 y de ahí pasó incluso al Foro Mundial de Davos unos años después. Es decir, parece más un concepto acuñado por el capital, que tiende a instalar que -incluso se habla de eso utilizando el engañoso concepto de “desempleo tecnológico”- el desempleo es producto de la tecnología.
No, no creo que seguridad laboral y avance tecnológico sean incompatibles. Lo que hay es una lucha entre capital y trabajo, y eso se resuelve en el terreno de la política. No vamos a comprar como trabajadores que nos despide “la tecnología”. Nos expulsa el capital que busca instalar condiciones de trabajo más propias del siglo XIX.

– Usted integró la mesa de conducción de la CGT recientemente y renunció. Vienen produciéndose fracturas y reacomodamientos de distinta densidad en el sindicalismo argentino. ¿Cuál cree que debe ser el rol del sindicalismo argentino en este nuevo escenario de gobiernos de derecha?
Sí, hay un poco de las dos cosas, fracturas y reacomodamientos, pero eso está siempre latente en momentos como el actual. Lo que definirá el rol del sindicalismo será la defensa de los derechos y el salario de los trabajadores. Si nos apartamos de eso los trabajadores te lo van a hacer saber de la peor forma. Por otro lado, es imprescindible llevar adelante cambios que se vienen demorando por distintas circunstancias.
Frente a los gobiernos de derecha y en muchos casos, directamente socios de los capitales financieros y concentrados, que buscan acá y en el mundo convertir al salario en la variable de ajuste de sus beneficios ya hoy desmesurados, las respuestas serán las que correspondan a cada ataque que se pretenda hacer sobre los trabajadores. En diciembre estuvimos a la cabeza de los compañeros en la Plaza del Congreso y le dijimos que no, a la mal llamada reforma previsional. Después trataron de desvirtuar una demostración pacifica de oposición a esas medidas con una campaña mediática. La CGT tiene que responder a todo el movimiento obrero y a la demanda concreta de sus bases. No puede responder arbitrariamente o por decisiones personales.