“Si el macrismo resulta favorecido en octubre avanzará con el ajuste neoliberal”

El ex diputado José Vitar y referente del Frente Grande en Tucumán, analiza el contexto nacional y provincial en el marco de las políticas de ajuste del gobierno nacional y las perspectivas de la oposición con vistas a las próximas elecciones legislativas de octubre.

Por Adriana Gil

-Durante los tres primeros lustros de este siglo nuestro subcontinente se pobló de gobiernos progresistas o de centroizquierda, pero de un tiempo a esta parte se registra un fenómeno inverso, ¿cómo ve usted ese proceso?
Es cierto. Esos gobiernos surgieron de la reacción de nuestros pueblos a la aplicación a partir de los ’80 de las recetas del Consenso de Washington, que provocaron una crisis generalizada, coincidiendo en el tiempo con la “distracción” de Estados Unidos, ocupado en invadir Afganistán e Irak. En Argentina esa crisis, en 2001, representó un verdadero fin de época. Así aparecieron en la región gobiernos y movimientos que interpelaban a los modelos neoliberales, sosteniendo a la vez que la integración regional era el camino correcto para nuestra inserción en el mundo. No negociar por separado, sino en bloque, con los núcleos del poder mundial. Fue así como Kirchner y Lula impulsaron la consolidación del Mercosur, que se transformó en un bloque político y económico, poniendo límites a la tutela norteamericana en la región. La incorporación de Venezuela al bloque lo fortaleció y desde ese eje surgió primero la UNASUR y luego la CELAC, cuya conformación en 2011, marcó el punto máximo de nuestra rebeldía, que ya en 2005 en Mar del Plata, había obligado a Bush a retirar la propuesta del ALCA, sufriendo EEUU una emblemática derrota. La contraofensiva norteamericana no tardaría en llegar, apoyada en los sectores concentrados del poder. A diferencia del anticomunismo cerril de los ‘60 y ‘70, aparece una “nueva” derecha, más sutil e inteligente, cuyo enemigo es el “populismo” gobernante en la región. Envalentonados con el triunfo de Macri en Argentina, provocan la caída de Dilma en Brasil. La sólida alianza que Chávez estableció con las FFAA, hace que Venezuela resista. Ahora aparecen ya los primeros síntomas de desaceleración de esa ofensiva. Las masivas protestas sociales al ajuste en Argentina y Brasil, el triunfo de Lenin Moreno en Ecuador, son indicios de lo que decimos.
-Con respecto a Argentina, el escenario electoral que se avecina pareciera ser complejo e incierto, ¿es así?
El proceso electoral encuentra al movimiento nacional y popular inmerso en la crisis que sobrevino a la derrota de 2015. La misma se manifiesta en la carencia de una conducción estratégica y la dilución de la identidad. Sin la existencia de dicha crisis no hubiese sido tan sencillo para el gobierno avanzar con sus regresivas reformas. Como se ve con claridad, definirse como peronista no basta. Así queda demostrado con los ejemplos extremos de Alicia K / Rodríguez Saá, por un lado, y por el otro, De la Sota y Urtubey, en tanto los resabios del difunto duhaldismo se mimetizan con Macri. El kirchnerismo es un núcleo duro, una minoría intensa y dinámica, pero para construir una mayoría política deberá realizar alianzas. Por eso digo que hay crisis de identidad. La crisis de conducción es una derivación de lo anterior. Cristina posee un liderazgo fuerte, pero como dijo Mempo Giardinelli en su visita a nuestra provincia, “lidera pero no conduce”. Cambiemos tiene también a su favor, que la inevitable provincialización de los comicios de medio término, puede disfrazar y atenuar el impacto de una potencial derrota nacional de Cambiemos.
-En ese contexto, lo que pase en la Provincia de Buenos Aires parece decisivo…
Si, claro. El resultado en la provincia incidirá decisivamente en el futuro político inmediato, en términos de posicionamiento para la elección presidencial de 2019. También, el gobierno está planteando la elección en términos de que su gestión sea plebiscitada, lo cual es una riesgosa apuesta. Si el macrismo resulta favorecido en octubre avanzará con el ajuste neoliberal. Pero si por el contrario, es derrotado, la debilidad de Macri va a ser patética. Recordemos que en el Gran Buenos Aires reside uno de cada cuatro electores del país y el 60% del padrón provincial. En esta área caliente es precisamente donde se registra el mayor descontento con el gobierno de Macri. En general, los sondeos dan ganador al peronismo, aunque existe aún un margen importante de indecisos. No tengo dudas de que si se resuelve sin interferencias el proceso de selección de candidaturas en el FPV, éste se impondrá en octubre. Pero estamos ahí ante la indisimulada intención oficial de inmiscuirse en la interna. La cerrada negativa de Randazzo a acordar listas de unidad genera interrogantes y cierta incertidumbre. El FPV saldría muy fortalecido de las PASO, si éstas se disputan lealmente y el perdedor acepta el resultado. Si, en cambio, sale desangrado y dividido como en 2015, el gran favorecido sería el macrismo.
-¿Cuál es su mirada sobre este proceso en la Ciudad de Buenos Aires y el resto del país?
En Ciudad de Buenos Aires no condice la sobre oferta de candidatos oficialistas (Carrió, Lousteau) con el malhumor social, pero éste carece de canales opositores que lo expresen. Santa Fé puede registrar sorpresas, hay que ver hasta donde el PJ cordobés podrá contener el voto crítico y cómo el oficialismo mendocino se las arreglará para calmar y evadir el descontento. El resto (NOA-NEA) seguramente reiterará las performances anteriores
-Finalmente, ¿cuál es su apreciación con respecto a nuestra provincia?
Se ha iniciado un proceso de transición luego de un largo período de 12 años de gobierno de José Alperovich. Más allá de los aciertos y errores que se puedan señalar, estoy convencido de que el ex gobernador ya cumplió su ciclo, que es urgente y necesario un cambio profundo en Tucumán. Existe en la sociedad un fuerte hastío con el sistema político heredado de su gestión, que combina falta de transparencia, inexistencia de controles y sospechas de corrupción estructural, todo ello en el marco de una abrumadora mediocridad. Se ha conformado en la provincia, una verdadera oligarquía política, enquistada en los distintos partidos, pero sobre todo en el justicialismo. Con Juan Manzur se inició una nueva etapa, con claras diferencias con respecto al período anterior: hay un estilo de gobernar más amigable con las instituciones; más humilde, respetuoso y que prioriza el diálogo ante los conflictos. El caso Maggio ha demostrado también que el gobierno es sensible a la opinión de la sociedad y tiene antenas tendidas hacia la misma. De igual modo, ese episodio revela una saludable capacidad de reacción cuando detecta que se equivocó o cometió un error. También esta gestión está realizando un esfuerzo importante dirigido a recuperar el liderazgo y la inserción de Tucumán en la región y el país, acompañado de la preocupación por implementar políticas y planes a largo plazo, con el acento puesto en el desarrollo productivo. Esto parece obvio, pero son asignaturas pendientes, como lo es la reforma y modernización del Estado provincial. También el gobernador debe lidiar con la estructura de poder concebida por su antecesor y que éste, en buena medida, sigue liderando. Resulta meritoria la capacidad del gobierno provincial para maniobrar en el actual contexto de dificultades económicas y financieras y con un gobierno nacional claramente hostil, a diferencia del período anterior, en que la mano generosa del gobierno nacional con Tucumán se expresó en el envío de importantes remesas para viviendas, escuelas, sistema de salud, obras públicas, planes sociales, etc. En cambio el gobierno de Macri intenta permanentemente asfixiar a la provincia, acicateado por la actitud mezquina y mediocre de sus delegados Cano y Amaya. Adicionalmente, el contexto de dificultades económicas y financieras y de zozobra social que genera la política económica nacional, completa el cuadro de dificultades que debe afrontar el gobierno de Manzur, quien ha maniobrado con habilidad, haciendo una gestión hasta aquí prolija y ordenada. Cualquier cambio serio en la provincia requiere un sistema institucional y político acorde con esa demanda. La concentración de poder fue posible por una oposición sin ideas, carente de grandeza e inteligencia política, y lo volvemos a ver hoy en las actitudes ruines de Cano y Amaya trabando todo tipo de ayuda a la provincia. Tucumán necesita un nuevo espacio que reconcilie con la sociedad a la política, reivindicando la ética y la decencia pública y elevando el nivel del debate de ideas, que es el sentido de la acción política. Ojalá este proceso electoral alumbre ese nacimiento.