Psicoanálisis y Adicciones

Psicoanálisis y Adicciones

SICOLOGIA

Por Miguel López*

Pensar la relación entre el psicoanálisis y las adicciones implica considerar el modo por el cual la teoría, método de investigación y praxis terapéutica creada por Sigmund Freud analiza y aborda uno de los modos por los cuales los sujetos hacen frente al malestar intrínseco que significa estar en cultura. En la misma línea no pueden dejar de considerarse los aportes de Jacques Lacan, quien nos proporciona elementos trascendentes para entender el vínculo entre el discurso capitalista y su incidencia para que un individuo busque en el consumo de una droga el modo de taponar la falta estructural que nos hace deseantes. A modo más contemporáneo, la orientación lacaniana prosigue la investigación a partir de los desarrollos de Jacques Alain Miller y Eric Laurent, quienes van a hablar de la época actual de “toxicomanía generalizada”, como modo único y preponderante por el cual los sujetos encuentran alguna resolución para esa convergencia de pulsión, subjetividad y discurso capitalista aliado al científico.

Freud a lo largo de su obra hizo múltiples referencias al tema de narcóticos. Me interesa puntuar solo dos, por un lado por su riqueza clínica y por el otro, por su contundente actualidad. Una de ellas es la carta 79 dirigida a Fliess, escrita en 1897, y donde plantea que la masturbación se constituye en la adicción primordial de todo ser humano, y que las adicciones posteriores simplemente serían sustitutos o relevos de aquella. Con esto Freud tuvo la lucidez de dar en un punto central de esta problemática, y es el carácter autoerótico que caracteriza al adicto; para el psicoanálisis, el individuo que ha construido una relación de dependencia con un tóxico hace de éste su partenaire, obturando desde aquí la posibilidad de enlazarse a otros desde una perspectiva deseante. Como desde lo etimológico adicto hace referencia a esclavitud, vemos que un sujeto consumidor habitual de drogas es esclavo de la misma, en tanto desde ahí encuentra satisfacción pulsional, en una vertiente que en un continuo de pequeños actos mortíferos le va dificultando los modos de lazo con pares. Encierro autoerótico, fusión con el consumo y horizonte mortal.

Casi tres décadas después, en su texto “El Malestar en la Cultura”, Freud nos dirá que para hacer frente al dolor de existir un individuo dispone de múltiples opciones: el amor, la religión, el delirio y la sublimación. Acto seguido Freud va a ubicar a los narcóticos como elementos por demás eficaces para enfrentar la miseria del existir humano (quedando en claro en este punto el pesimismo de Freud en el periodo entreguerras); hablará del “quitapenas” y su poder para permitirle a un sujeto evitar el sufrimiento de estar en el mundo. Dice Freud: “Pero los más interesantes preventivos del sufrimiento son los que tratan de influir sobre nuestro propio organismo”; “el más crudo, pero también el más efectivo de los métodos destinados a producir tal modificación, es el químico: la intoxicación”. Al mismo tiempo se encarga de advertir los peligros de su uso: “Se atribuye tal carácter benéfico a la acción de los estupefacientes en la lucha de la felicidad y en la prevención de la miseria…no sólo se les debe el placer inmediato, sino también una muy anhelada medida de independencia frente al mundo exterior. Los hombres saben que con ese ´quitapenas´ siempre podrán escapar al peso de la realidad, refugiándose en un mundo propio que ofrezca mejores condiciones para su sensibilidad. También se sabe que es precisamente esta cualidad de los estupefacientes la que entraña su peligro y su nocividad”. Esta idea de “refugio en el mundo propio” actualiza lo trabajado por él en la carta 79, en tanto esa independencia respecto al mundo exterior que brindan las drogas puede lanzar a un individuo a una encerrona autoerótica y mortífera de goce.

Por su parte, Lacan también hará menciones a la cuestión adictiva. Tomaré un par de ellas. Por un lado, adhiere a una idea de nocividad en el vínculo de un sujeto-drogas y lo plasma en 1946 en su escrito “Acerca de la causalidad psíquica”, donde va a introducir la noción de “trauma” y dirá que un individuo puede repetirse en su búsqueda de drogas debido a la imposibilidad de tramitar simbólicamente la falta estructural. Usará un sintagma de una vigencia conmovedora para hablar de las adicciones: “agresión suicida narcisista”. Explicita así su posición por la cual en un vínculo compulsivo con una sustancia un individuo se agrede a sí mismo buscando inconscientemente su propia extinción. En el reino del goce pulsional no hay mucho margen para otra cosa.

Casi 30 años después, en las Jornadas de Carteles de la Escuela Freudiana de Paris de 1975, Lacan dirá que no hay ninguna otra definición de la droga que aquello que permite romper el casamiento con el falo. Es decir, en un lazo de dependencia absoluta con una sustancia, lo que se quiebra es la relación del sujeto con el falo, el significante de la falta, lo que nos hace deseantes, nos proporciona la medida de las cosas y a su vez nos orienta en el mundo. En tanto da lugar a un divorcio con el falo, la droga permite un nuevo matrimonio, solo que autoerótico y mortífero, al servicio del goce.

Mientras que en la actualidad, a la época contemporánea J. A. Miller la define como la época de la “Toxicomanía Generalizada”. El discurso capitalista y el de la ciencia promueven el goce del consumo para todos por igual. Justamente, la expansión mundial del modo de producción capitalista, aliada al discurso científico, ha instalado la lógica del mercado y sus valores como únicos posibles. Lacan hablará que el capitalismo propone el consumo de bienes-objeto, siempre renovados, como forma de acceder a un lugar social. Es el tiempo del consumo generalizado como supuesta y única respuesta al malestar, lo cual hace que las cosas queden divididas en términos de consumidores y deprimidos. Es decir, que todos aquellos que no puedan gozar como el mercado manda, se deprimen. La época freudiana de múltiples opciones fue dejando lugar a la actual, de modo único, adictivo y toxicómano.
Ante este panorama, la apuesta del psicoanálisis es hacer hincapié en el sujeto que está más allá del adicto, más allá de las nominaciones del Otro social. En ese sujeto está el saber respecto al goce toxicómano, y el trabajo analítico implica localizar en la subjetividad las causas del enlace toxicómano, para luego producir las rectificaciones necesarias en ese sujeto que posibiliten su entrada al inconsciente y, transferencia mediante, pueda advenir a un goce distinto al de la droga, al goce de la palabra.

*Psicoanalista.

Referencias
-Freud, S. (1897). Carta 79. Obras Completas, Libro 1, Publicaciones prepsicoanalíticas y manuscritos inéditos en vida de Freud. Bs. As.: Amorrortu Editores.
-Freud, S. (1930). El malestar en la cultura. Obras Completas, Tomo III. Madrid. Ed. Biblioteca Nueva.
-Lacan, J. (2005). Acerca de la causalidad psíquica (1946). En Escritos 1. Bs. As: Siglo XXI.
-Naparstek, F. (2008): Introducción a la clínica con toxicomanías y alcoholismo. Bs. As: Grama Ediciones.

No comments yet.

Join the Conversation