“Estamos frente a algo más grave: prioridades nacionales o prioridades anti nacionales”

Entrevistamos a Ricardo Aronskind, economista y docente de la Universidad Nacional de General Sarmiento, acerca de la situación económica derivada tanto de la pandemia de Covid19 como de las graves consecuencias heredadas del gobierno macrista. 

 

Por Adriana Gil y Aldo Ternavasio

 

-En este período pos pandemia, Argentina ha iniciado un proceso de crecimiento económico que en primer lugar, pareciera condicionado por el pago de la deuda ¿Qué recursos políticos tiene el gobierno para distribuir ese crecimiento? ¿Crees que existe un plan en esa dirección?

Creo que vale la pena distinguir entre dos aspectos. El del crecimiento y el de la distribución que no necesariamente van juntos. Pueden darse por separado, o pueden no darse ambos. La deuda externa puede condicionar el crecimiento –siempre tiende a bajarlo ya que implica transferir recursos al exterior- pero depende mucho de qué se negocie. Si en los próximos años no hay vencimientos significativos, hay una buena oportunidad de crecimiento económico que no necesariamente le llegaría a toda la población, porque puede estar concentrado en algunos sectores poco demandantes de empleo. La distribución está más condicionada por lo interno, por los actores económicos y sociales, por la decisión política de las autoridades. El gobierno se había propuesto para este año que termina, lograr la meta de una mejoría real en salarios y otros ingresos populares. Pero la inflación, provocada por el comportamiento rentístico del sector privado, se comió prácticamente todas las mejoras salariales logradas. Para distribuir el crecimiento son buenas políticas la reducción del desempleo estructural, incluso promoviendo empleo público productivo, para fortalecer la capacidad de negociación del mundo del trabajo, pero al mismo tiempo es fundamental controlar los costos principales de la canasta familiar. Con controlar no aludo simplemente a fijar administrativamente topes de precios, sino a una presencia pública relevante en todos los mecanismos que determinan esos valores. Incluyendo la producción pública de bienes y servicios esenciales, en la medida que los mercados privados insistan en tener prácticas depredadoras del salario.

-¿Es posible mantener cierta autonomía respecto del FMI cuando la economía doméstica esta tan dolarizada? ¿Es necesario ver la dolarización como un problema político y no solo económico?

La dolarización es producto de una vieja historia inflacionaria, pero también es un gran negocio para sectores económicamente fuertes, porque es la excusa ideal para mejorar sus ingresos a costa del resto. En Argentina se suben precios, honorarios y otros ingresos usando al dólar como excusa, para aprovecharse de otros actores. El combate a la dolarización debería incluir varias medidas al mismo tiempo, no sólo reducir la inflación sino ofrecerle al público medios creíbles de ahorro en pesos, ataque frontal al gigantesco contrabando, sobrefacturación de importaciones y subfacturación de exportaciones, actividades en las que perdemos miles de millones de dólares, etc. etc. La idea es reducir fuertemente la demanda de dólares y aumentar la oferta, para sacarlo del lugar de ser una garantía segura de rentabilidad. Como se ve, la estrategia anti-dolarización, lleva a tomar un conjunto de medidas estructurales que tienen que ver con la eficiencia de la gestión estatal. Porque en el fondo la moneda nacional es la expresión del Estado nacional. Un estado impotente, colonizado por intereses privados, esquilmado en sus recursos, no puede sostener una moneda nacional confiable. Pero la autonomía en relación al FMI hay que construirla teniendo básicamente políticas de bajo endeudamiento externo, sólo justificable por el impacto positivo que cierta deuda pueda tener en la producción y las exportaciones. Todos los experimentos neoliberales (Martínez de Hoz en la dictadura, Cavallo y Roque Fernández con Menem y Macri con todos sus ministros) endeudaron al país sin sentido ya que no se generó ningún impulso competitivo que implicara más exportaciones y mayor sofisticación productiva. Más bien le permitieron al capital financiero internacional que colocara fondos en Argentina con fines especulativos. Parece ser el ADN de la derecha argentina: primero endeudo al país, y después acuso a otros de empobrecerlo. Que Argentina esté endeudada para garantizar negocios a financistas locales y extranjeros es completamente innecesario, y es lo que le ha abierto la puerta a la vuelta del FMI, que a su vez introduce el control de las grandes potencias sobre la economía nacional.

-Con una matriz productiva tan primarizada ¿hay otras opciones además de las retenciones para controlar y desdoblar los precios internos?

Si, hay más opciones. Primero digamos que las retenciones son necesarias, útiles y que constituyen una herramienta valiosa de política económica. Pero efectivamente, se puede recurrir a otras medidas como cupos, que prioricen el pleno abastecimiento del mercado local antes de que se salga a vender afuera. Otra opción es la producción pública de alimentos, o público-privada, o cooperativa, que logre sacar a estos bienes de la mecánica absurda de hacerle pagar el consumidor argentino como si tuviera el salario de un país desarrollado. Hay muchas ideas e iniciativas en ese sentido, que permitirían remover el tema de la confusión en la que está y darle un poco de respiro económico a las familias argentinas.

-¿Qué papel puede jugar la economía social, los movimientos sociales con economías a pequeña escala para ampliar la oferta alimenticia?

Es un gran tema a explorar. Hasta ahora no se ha aprovechado el potencial de la economía social, manteniéndola como un “parche” ante las numerosas fallas para aprovisionar razonablemente del sector productor más concentrado. ¿Es posible ampliar la escala, planificar metas de producción más ambiciosas, ir cubriendo progresivamente el mapa alimentario del país con otras formas productivas no concentradas? Todo lo que ayude a desmonopolizar la producción en nuestro país es bienvenido. Si además da trabajo, distribuye más equilibradamente la producción en todo el territorio nacional y democratiza la producción y distribución, creo que es un gran aporte al bienestar del país.

-En tu último artículo en El cohete a la luna haces referencia a los límites ya comprobados de la matriz agroexportadora para redistribuir esas ganancias extraordinarias en acciones concretas de bienestar general ¿Qué política debería implementar el gobierno para modificar ese dispositivo instalado desde siempre en la economía argentina?

Hay mucho para hacer. Por empezar, hacer política. O sea: tener la ambición de cambiar las cosas. Sentir la insatisfacción por un país que funciona muy por debajo de su potencial. Hacer política. En lo estructural, hay que desarrollar otros sectores, también con capacidad exportadora: industria, servicios, recursos naturales, turismo. Mientras el agro sea el gran oferente de divisas, tendrá un lugar desproporcionado en la mesa de las decisiones nacionales y en el imaginario social. También el Estado se tiene que poner los pantalones largos en materia de recaudación tributaria. Cuando decimos el Estado no nos referimos sólo al Estado Central. Estamos hablando de los 3 poderes, porque tanto en lo legislativo como en lo judicial hay fallas enormes, que contribuyen a la evasión y elusión impositiva. Y en todos los niveles, porque también las provincias y los municipios pueden hacer lo suyo. Si se logra diversificar la matriz productiva y exportadora, y recaudar bien los impuestos que correspondan, los gobiernos contarían con una masa de recursos muy interesantes para avanzar en generación de empleo, vivienda, salud, infraestructura, esparcimiento, etc.

-Tanto el neoliberalismo como los gobiernos nacionales y populares son estatalistas, salvo que el primero se sirve del Estado el para, mediante reducción del gasto público, apropiarse de la mayor parte de la renta ¿Cómo se pone límites a esta apropiación sin que eso implique una amenaza constante a la estabilidad institucional?

Estoy convencido de que el proyecto neoliberal en nuestro país es profundamente antinacional, ya que desde 1976 está socavando las bases productivas y culturales de la Nación. No estamos simplemente frente a un problema de “derechas versus izquierdas”, donde cada uno elige lo que le parezca mejor. Estamos frente a un tipo de problema más grave: prioridades nacionales o prioridades anti nacionales. El neoliberalismo en América Latina, lo estamos viendo en los últimos 40 años, es un proyecto neocolonial, que le sirve fundamentalmente al mundo desarrollado para apropiarse de los recursos de nuestra región, mientras la mantiene en el subdesarrollo. Por eso, además del ataque sistemático a la industria, viene el ataque a la educación, a la salud pública, a la cultura y al amor propio de lxs argentinxs. En los países centrales, hay severas disputas entre los partidos políticos, pero en base a cuál es la mejor forma de servir a los intereses de la Nación. Aquí, en cambio, la derecha pone en marcha proyectos básicamente antinacionales. No hace falta que ninguna potencia extranjera nos invada. Se puede observar con mucha facilidad que los representantes locales de los intereses extranjeros –a veces asociados con actores locales- defienden al FMI, al endeudamiento, a la política exterior norteamericana, a Pfizer y a cuanto interés lesivo a nuestro país exista. Cuentan para ello con un aparato comunicacional muy importante, que posa de “independiente”.

-Con el presupuesto 2022 insólitamente rechazado en el Congreso ¿qué margen de maniobra hay en política económica?

No creo que afecte demasiado la capacidad del gobierno de hacer cosas, si tiene voluntad política. La sociedad, los gobernadores, las empresas, están viendo el despropósito de lo que hizo la oposición, con el único objetivo de boicotear la posibilidad de que el país salga a flote y que el gobierno, si lo logra, sea reconocido por la población. Así que es probable que haya una gran presión sectorial e incluso política para que el tema pueda ser reflotado y se logre que sea aprobado. Pero si no, dependerá mucho de la voluntad política del gobierno, ya que seguro encontrará apoyo para la realización de obras públicas y emprendimientos reactivadores, más allá de los marcos formales de la legalidad.