“Tenemos la potencia de estar subvirtiendo un orden sexual jerárquico y patriarcal”

 

Entrevistamos a Soledad Deza, abogada feminista, activista y fundadora de MujeresxMujeres, organización para la promoción y defensa de los derechos de las mujeres y las diversidades.     

   

 

Por Adriana Gil y Eduardo Núñez Campero

-Como feminista y fundadora de la organización MujeresxMujeres en estos años del movimiento feminista en Argentina con sus logros de la ley IVE, las leyes de identidad y los derechos reproductivos ¿qué balance haces a nivel nacional y en Tucumán?

Hago un balance súper positivo de que las conquistas en términos legislativos de los derechos de la diversidad como los relacionados con la autonomía sexual, la soberanía reproductiva, los que tienen que ver con el trabajo, el cupo laboral trans y el tema del cuidado, han ingresado en la agenda pública. Ahora bien, una cosa es la conquista legislativa, un punto de partida inocultablemente valioso para la lucha feminista y otra son las políticas públicas que hay entre la sanción de una ley y el efectivo goce de los derechos. Lo que está pendiente es la implementación eficaz de algunas políticas públicas, es auspicioso que la agenda de género haya dejado de ser periférica de lo periférico. Un desafío es que el género se transversalice y no quede reducido a los espacios de género dentro de los diferentes estados, que sea destacado en la agenda de los ministerios de Economía, en los de Trabajo.

-En Argentina, con los derechos ganados para las mujeres pero también con sociedades todavía muy conservadoras, particularmente en el Norte ¿crees que hay un fortalecimiento del patriarcado y una contraofensiva con matices diversos?

Todos los derechos que se conquistan en el área de género y aquellos que tocan el orden sexual jerárquico en nuestra sociedad tocan un nudo neurálgico que tiene a las instituciones conservadoras, a los conservadurismos políticos y a los neo conservadurismos religiosos, y los organiza rápidamente para la resistencia. Un ejemplo: frente a la Ley 27.610 (IVE) se reorganizaron los mismos conservadurismos y el mismo statu quo de hace dos siglos pero se ha replegado al campo judicial. Hemos tenido demandas a lo largo y ancho del país para tratar de revertir lo que se había conseguido en el Congreso. Acciones que son antidemocráticas porque la discusión política y social le corresponde al Congreso. Replegarse al poder judicial es replegarse a la comodidad del patriarcado judicial pero les está yendo bastante mal. Vemos las mismas reacciones frente a la Educación Sexual Integral (ESI) en la escuela y en los padres organizados en el “Con mis hijos no te metas” que supone un avasallamiento de los niños, niñas y adolescentes en pos de conservar una moral sexual restrictiva a través del lugar de poder que les asigna la paternidad pero desconociendo sus derechos. Lo vemos en las reacciones cuando tratan de frenar el cupo laboral trans apelando a una igualdad vacía de contenido. Veo reacciones pero también veo un movimiento feminista, un colectivo de la diversidad, transfeminismos súper organizados y con un bagaje de lucha muy potente. Nunca vamos a tener el bagaje de los conservadurismos porque llevan siglos, pero tenemos la potencia de estar subvirtiendo un orden sexual jerárquico y patriarcal desde hace algunas décadas que va consolidándose.

-Muchas de las crueldades que padecen mujeres y niñas ocurren dentro del espacio doméstico, privado que impone un límite al derecho que es el que debe protegerlas ¿Cómo ves este aspecto de la situación de vulnerabilidad? ¿Qué cosas se están haciendo?

La Ley de violencia 26.485 lleva 12 años de sanción en Argentina con políticas públicas destinadas a garantizar la vida libre de violencia. En el mismo sentido, la adhesión a la ley 24.632 de la Convención Americana Belem do Pará de 1996 y un bloque constitucional que incorpora la Cedaw en 1994 para asegurar la igualdad de género. Hago este introito porque erradicar, prevenir y sancionar la violencia son obligaciones estatales de hace 30 años. Estas leyes vienen a desdibujar esa línea que señalas entre lo público y lo privado que había sido razonada en términos liberales, confinando a las mujeres al espacio doméstico, vedado a la intervención del Estado. Esto es lo que viene a desarticular con un enfoque feminista toda la legislación de violencia. Lo que nos falta no son leyes sino políticas públicas que impacten de manera eficaz en la vida de niñas, adolescentes y mujeres en situación de violencia y profundizar la Educación Sexual Integral. Y porque la sociedad razona en términos de castigo y de penas, necesitamos modificar los patrones culturales que fomentan una subalternidad femenina y masculinidades hegemónicas violentas. Eso solo lo haremos si ingresa en la currícula de la ESI desde la infancia temprana otra forma de relacionarse, de valorar el consentimiento, de generar vínculos más sanos, conversaciones más abiertas, creo que está cambiando bastante.

-La financiarización del capital global sigue afectando la situación de las mujeres en sus múltiples vulnerabilidades ¿Qué pasa con el mundo del cuidado, de las mujeres desempleadas, de las jefas de hogar, de las jóvenes explotadas laboralmente?

Sin duda el sistema capitalista es un sistema patriarcal y el movimiento feminista es antipatriarcal, anticapitalista, antirracista, anticlasista porque el sistema de cuidados ha sido históricamente asociado con la naturaleza femenina, no ha sido remunerado ni reconocido en términos de valor ni de poder. Hay que trabajar el ingreso de las políticas de cuidado y la concientización de que eso que históricamente hemos llamado amor es trabajo no pago o cuidado no pago. Hay que modificar patrones culturales. En cuanto a la precarización los primeros ajustes en términos capitalistas vienen por el lado de las mujeres, en pandemia pasó con los primeros despidos. ¿Qué hay que hacer? Controlar las políticas públicas porque se trata de que nuestra clase dirigente y política dote de presupuesto todas las políticas públicas relativas a la autonomía sexual y reproductiva, y también fomentar la independencia económica. Es un trabajo transversal y son cambios a largo plazo porque estamos modificando un Estado liberal que ha razonado de manera neutral la igualdad y la autonomía hace por lo menos tres siglos, se va a caer, lo estamos tirando pero lleva su tiempo.

-La activista feminista norteamericana Silvia Federici, comparando la situación en Estados Unidos y Europa, resalta con admiración el impacto global de los feminismos de América del Sur en territorios marcados por el neocolonialismo y el patriarcado.

Durante años nos formamos con la mirada de un feminismo blanco y del norte. No reniego de eso, pero parte de la emancipación de los cuerpos es reconocer que hay otras estructuras de poder, por ejemplo las provenientes de las colonias que han fomentado una subalternidad en términos de género y de raza que se reproduce a nivel global y que se ha proyectado históricamente a nivel regional y en nuestro país. Cuántas veces tenemos que escuchar la descripción de nuestras realidades del norte argentino de boca de mujeres que viven en Buenos Aires y que quizá no salieron de la General Paz. Como toda lucha colonialista tiene que ver con realidades situadas y con la circulación de poder. Hay un grito muy fuerte de las subalternidades, de las “marronas”, de los ecofeminismos, de mujeres situadas que reivindican poder y eso le hace muy bien a los feminismos que no significa desarticular lo valioso que ha sido el feminismo ilustrado, el sufragista, el setenta-ochentista. Creo que es una forma de poner en crisis el mismo colonialismo y el mismo patriarcado colonial.

-¿Crees que el activismo y los modos de organización feminista han influenciado otros activismos como los ecologistas o los movimientos por los derechos sociales y políticos?

Sí, creo que el crecimiento y la potencia de los feminismos este último tiempo han sido impresionantes a nivel global. La lucha ecofeminista, la muerte de Berta Cáceres, las defensoras de los derechos humanos, las defensoras de la tierra, evidenciar que la tierra como los cuerpos han sido históricamente lugares de conquista, ha sido muy potente. Los feminismos y transfeminismos han logrado protagonizar demandas sociales, lo hemos visto en Chile, y quizá otros movimientos no lograron convocar la misma atención pero sin duda la voz feminista situada y en alianza con otros sectores situados, y levantando un reclamo de emancipación ha marcado agenda y un hermoso camino en el horizonte.

En el movimiento feminista se percibe también una cierta reticencia en ciertos sectores a aceptar otras diversidades como la participación de las mujeres trans y travestis en los movimientos de mujeres ¿cuál es tu posición al respecto?

No podemos romper un prejuicio para crear otro. No coincido con ninguna posición esencialista que reclame como condición feminista la portación de una vagina, en vez de girar 180 grados, girar 360 para volver al casillero de largada, es un grave error. Cuando una habla de subalternidad de lo femenino, de la misma forma tenemos que analizar todas las interseccionalidades, no podemos volver al esencialismo de reivindicar la lucha por la emancipación de los cuerpos en términos genitales. De la misma forma que es un error no reconocer que la subalternidad femenina ha sido compartida con otras interseccionalidades relacionadas con la orientación sexual, la pertenencia a una raza, la identidad de género. No es lo mismo ser mujer que ser mujer trans o ser mujer cis y estar privada de libertad. No podemos homogeneizar porque lo femenino no es monolítico, de la misma forma que lo masculino tampoco. El sujeto destinatario de las promesas liberales tampoco es cualquier hombre, es un hombre clase media, propietario, instruido, con todas las capacidades. Entonces parte de lo que están desmenuzando los feminismos es esa promesa de libertad que ha sido históricamente neutral y ciega a las interseccionalidades. Por lo tanto, si la criticamos en el liberalismo cómo la vamos a reproducir en el feminismo, un contrasentido.

-En Tucumán han ocurridos hechos lamentables y gravísimos como el caso de Lucia que evidencia la descomposición del poder judicial, y ahora absolvieron a Cecilia Ousset y José Gigena, los dos médicos acusados de homicidio por ese caso ¿qué reflexión haces al respecto?

Me parece que fue un caso muy lamentable. La absolución es sumamente valiosa porque es un mensaje político acerca de que garantizar un derecho jamás puede ser un delito. Pero es tardía porque la justicia no puede demorar dos años para decir lo obvio. La justicia con el paso del tiempo, también sentencia, entonces es mucho daño el que han hecho. Tiene que haber un mensaje claro hacia el futuro: abortar hasta la semana catorce inclusive y por fuera de ese plazo cuando hay un embarazo forzado o cuando pone en riesgo la salud o la vida, es un derecho, y por lo tanto, requiere de una prestación médica lícita. Y cualquier personal de salud público o privado que garantice esa prestación jamás va a incurrir en un delito y por lo mismo, ya es hora de hablar de calidad de atención en la atención de aborto. Entonces, no convirtamos nuestras niñas en casos, garanticemos la confidencialidad, la autonomía, que la prestación de aborto legal tenga los mismos derechos que cualquiera otra. No puede repetirse lo que ocurrió con Cecilia y con José ni lo que está ocurriendo con Miranda en Salta. Son mensajes políticos en los que el poder judicial no debe inmiscuirse. Sobre todo, no caigamos los feminismos en la tentación de judicializar prestaciones que son privadas.

-Te cito una frase de la escritora Carson McCullers: “La única solución para no seguir siendo oprimidos es que la gente sepa” ¿Cómo se llega con la agenda de los derechos humanos de las mujeres a las capas más desinformadas de la población?

Se acerca con una responsabilidad que dentro de los feminismos tenemos, con algunos privilegios como el de saber y de conocer. Una responsabilidad que tiene que ver con la discusión de los derechos, con la alfabetización jurídica, a mí que me toca el lugar de abogada con un montón de privilegios, también tengo esa responsabilidad. Al Estado le toca la responsabilidad de colocar la agenda de género con la misma intensidad con la que difunde que nos pongamos “Off” para evitar el dengue o que usemos el barbijo. Hay un bache en la responsabilidad estatal de difundir los derechos de género pero sobre todo, garantizarlos. Ahí siempre hay un poder que debe circular a través del conocimiento, cuanta más gente conozca sus derechos, más gente podrá exigirlos. Y tener presente siempre que los feminismos y los transfeminismos no quieren que las mujeres y las diversidades tengan poder sobre otros, sino que reclamamos tener poder sobre nosotros mismos. La amenaza no está en los feminismos ni en los transfeminismos sino en quienes buscan conservar un statu quo sexual jerárquico.