Coronavirus: ¿Impulsará Argentina los cambios económicos y estructurales que necesita?

Arsat1. Gentileza Telam.

Arsat1. Gentileza Telam.

Por Aritz Recalde*

En los medios de comunicación se instaló la visión infectológica del Coronavirus, que no agota la totalidad de una política integral de salud que además debe incluir los aspectos sociales, emocionales y económicos vinculados.

En la lucha contra el Covid-19, el Estado asume la indelegable tarea de diagramar la política de salud pública para lo cual es central la política social. El gobierno argentino diariamente asiste a millones de familias con dificultades para trabajar y acceder a la alimentación o a los remedios. Actualmente, el Estado planifica, financia y ejecuta la política social con la activa intervención de la comunidad organizada que tiene llegada al territorio. La política de salud debe atender también las cuestiones emocionales de la población; el Estado debe implementar una comunicación pública y un plan de asistencia de salud mental a los millones de argentinos desesperados, asustados o deprimidos.
Una política de salud requiere de una política económica. Querer separar ambas dimensiones puede conducir al fracaso de la estrategia sanitaria y al quiebre productivo del país con el potencial escenario de desabastecimiento, inflación y saqueos. Por un lado, el Estado y las empresas deben planificar la producción de los recursos médicos para el mercado interno. Más del 65% de la producción farmacológica que consumen los argentinos, es nacional. Además, el Estado debe garantizar las fuentes de trabajo; si se pierden los empleos van a quebrar las obras sociales que cubren a más de 15 millones de personas. Si continúa la recesión, el Estado no podrá recaudar impuestos, aumentando el déficit fiscal.

La política económica del día después
Aún no hay certeza acerca de la duración de circulación del Coronavirus, ni cuál será la dinámica de la cuarentena. Lo que sí es seguro, es que conviviremos con éste virus, como con tantos otros , y que tanto la comunidad como el Estado deben prepararse para coexistir con ellos. No existe una “única” solución sanitaria y tampoco “la” receta económica.
Históricamente, las crisis internacionales generaron perjuicios para nuestro país en lo económico y social. Pero en algunos casos, generaron oportunidades ya que las naciones centrales se abocaron más a resolver sus frentes internos que a obstruir el desarrollo del resto de los países. No es casual que durante la Primera Guerra Mundial ascendiera al poder Hipólito Yrigoyen y tras la segunda conflagración mundial, Juan Perón alcanzara la presidencia.
El gobierno de Alberto Fernández tiene un importante consenso entre la población, consolidado por el tratamiento a la lucha contra el Coronavirus. Con ese poder aplicó medidas contundentes, puso en cuarentena a 45 millones de personas e inmovilizó a más de 400 mil pymes. Ese poder puede utilizarse para implementar la reforma económica que Argentina requiere para el despegue productivo y la emancipación social del pueblo. Es un momento oportuno para renegociar la deuda defendiendo los intereses argentinos, iniciar un desarrollo industrial soberano e implementar los cambios estructurales que el país necesita.
El plan económico: de la emergencia al proyecto nacional de mediano y largo plazo
El Gobierno nacional no presentó aún un plan económico, quizá como resultado de la negociación de la deuda, que absorbe gran parte de los fondos públicos . El Coronavirus llevó al Gobierno hacia una agenda económica de emergencia para enfrentar los daños: se buscó proteger al trabajador del sector formal con la doble indemnización o prohibiendo los despidos. El Gobierno financió el 50% de los salarios de algunas empresas y entregó créditos subsidiados a los trabajadores autónomos, más los cerca de 10 millones de personas de la economía informal que reciben alimentos y asignaciones.
El país necesita un plan integral de desarrollo que incluya un programa económico. Para ello se requiere de una doctrina y de una organización política que lo haga realidad. En Argentina existen tres grandes doctrinas económicas: el nacionalismo industrialista popular, el desarrollismo productivista y el liberalismo agroexportador y financiero. El primer modelo lo implementó Juan Perón y tiene, entre sus grandes teóricos, a Antonio Cafiero. El desarrollismo tuvo su auge con Arturo Frondizi y pensadores brillantes como Aldo Ferrer o Enrique Gugliarmelli.
Hoy debemos orientar la economía argentina sobre principios justicialistas y desarrollistas avanzando en la industrialización, en la nacionalización productiva y en la elevación de la calidad de vida del pueblo. Para formular e implementar el plan económico de la Nueva Argentina es fundamental dar vida al Consejo Económico y Social que anunció Alberto Fernández con representantes de la política, la producción, la cultura y el trabajo. El organismo puede funcionar como el Consejo Nacional de Posguerra que formuló los Planes Quinquenales. Además, podría emular los Consejos que creó el gobernador Antonio Cafiero para implementar la gestión participativa de la provincia de Buenos Aires.
El Consejo Social garantizaría así la participación de la comunidad organizada en la gestión del Estado, consolidando la gobernabilidad institucional y la estabilidad social y macroeconómica. Además, aportaría cuadros técnicos y profesionales provenientes del Movimiento Obrero organizado, el empresariado, las universidades, la cultura y la ciencia.

Medidas a corto plazo: el empleo y la reactivación del mercado interno
Sería primordial implementar un ambicioso plan de generación de puestos de trabajo. Actualmente, el desempleo supera el 10% y junto al subempleo y la precarización, alrededor del 40% de las familias tienen dificultades para obtener ingresos. La cuarentena profundizó una recesión de casi dos años y todos los días se pierden puestos de trabajo, se reducen turnos y se bajan los salarios.

Para reactivar la actividad podrían implementarse tres líneas de acción:
– Planes de empleo “Estado y comunidad organizada”. En 1987, Antonio Cafiero implementó los Programas Intensivos de Trabajo, estructura retomada en 2002 con el Plan Jefes y Jefas. El Estado provincial y nacional aportaron los recursos para sueldos y las municipalidades compraban materiales, seleccionaban y dirigían las obras. Los trabajadores se organizaron en cooperativas y otras formas sociales de producción. Este tipo de programas sirve para pequeñas obras, planes de vivienda popular o reparar edificios públicos. También para financiar parte de los salarios docentes de cursos, capacitaciones y actividades culturales y deportivas en clubes, iglesias e instituciones de fomento.

– Programas de “Obra Pública con el sector privado”. Desde 2003, la obra pública generó empleo y reactivó el mercado interno. Existe una importante cantidad de empresas que reúnen técnicos, profesionales y mano de obra disponible en un país que tiene mucho por hacer.
– Programas de “apoyo al sector empresarial”. La cuarentena quebró o puso al borde del cierre a miles de pymes. Hoy los diversos países del mundo están otorgando créditos subsidiados al productor, le garantizan protección arancelaria e inyectan fondos a las familias para mantener la actividad del mercado interno.

El Plan a mediano y largo plazo: el desarrollo integral

Un programa de desarrollo que incluya un plan económico no puede dejar de implementar:- Políticas de impulso a la tecnificación y el aumento de los volúmenes de producción del “sector agropecuario”, sumamente dinámico y que produce parte importante de las divisas.
– Políticas de fomento del “sector industrial” para sustituir importaciones. Fortalecer acciones para aumentar las cadenas de valor, invertir en tecnología, maquinaria y en capacitación. El sector requiere de estabilidad macroeconómica, de apoyo financiero y de protección arancelaria. Impulsar un mercado interno pujante y un mercado externo para colocar excedentes. La industria nacional, y centralmente las pymes, son los principales generadores de trabajo de calidad en el país.
– Políticas de fomento de “Regímenes especiales” de industria farmacológica, turismo, pesca, ganadería, agricultura familiar, artesanía, minería, energía, servicios públicos, ciencia y tecnología, etc.-.

Reformas estructurales para financiar y hacer viable el programa de desarrollo

Argentina es inviable económica y socialmente si no impulsa un cambio estructural del funcionamiento de cinco sectores estratégicos:
– Reforma del sistema financiero. El actual sistema financiero garantiza la especulación y la fuga de recursos. Se debe terminar con el sistema que históricamente estafa al ahorrista, y orientar los Bancos hacia la producción y la capitalización nacional. Para ello se debe modificar la Carta Orgánica del Banco Central, la Ley de Entidades Financieras y los marcos regulatorios de los Bancos Públicos.
– Reforma del comercio exterior. Es fundamental hacer un uso racional y nacional de las divisas en un mundo cada vez más cerrado. Se pueden actualizar las experiencias de las Juntas Reguladoras y del Instituto Argentino de Promoción deI intercambio. Nuestra dirigencia tiene el desafío de buscar nuevos mercados, y avanzar en la construcción del mercado sudamericano y el comercio bilateral con acuerdos estratégicos nacionales.
– Reforma del comercio interior. El Gobierno debe impedir la acción inflacionaria y de cartelización que hacen los grandes comercializadores. En paralelo, expandir los mercados y ferias populares y promover políticas de apoyo a los almacenes de cercanía. El Gobierno lanzó la Tarjeta Alimentaria pero esos fondos van a los grandes supermercados. El Banco Nación debería garantizar un acceso gratuito o subsidiado al uso de posnet u otros sistemas de pago a los almacenes de cercanía.
– Reforma tributaria. El sistema de recaudación de impuestos debe promover la producción y desalentar la especulación, instalando definitivamente el criterio de que «los que más tienen más aportan».
– Nuevo régimen de Servicios públicos. Se debe mejorar el funcionamiento de los servicios de electricidad, gas, combustible y servicios de comunicación como internet y telefonía. Como también rutas, autopistas, puertos, ferrocarriles, flota mercante, etc. En todos los casos, es fundamental instalar y hacer cumplir el concepto de servicio público estratégico e impedir que sea la mera lógica comercial lo que guíe su desenvolvimiento.
Las dificultades son muchas, pero la dramática situación social y económica exige soluciones profundas a los problemas nacionales. Llegó el momento de que la dirigencia se cargue la patria al hombro y que se convenza de que la política es el arte de hacer que lo necesario sea posible.

*Sociólogo, docente UNLA e investigador.

Referencias
1Durante las últimas dos décadas cada cinco a seis años surgió o tomó estado público un nuevo virus que derivó en epidemia y/o pandemia. En el año 1997 fue la Gripe Aviar (H5N1), en 2002/3 el Síndrome Respiratorio Agudo Grave (SARS), en 2009/10 la Gripe Porcina (H1N1) en 2012/5 el Síndrome Respiratorio de Oriente Medio (MERS) y en 2019/20 el Covid 19.
2En un gran resumen, el país tiene una deuda pública que ronda los 324 mil millones de dólares. Actualmente, se está negociando con los poseedores de 66 mil millones de títulos en dólares bajo legislación extranjera. Además, queda definir cómo se abordará el tema de los vencimientos de los 72 mil millones con los organismos internacionales, los 37 mil millones de títulos de legislación nacional y los 146 mil de deuda interestatal.
3EUA, que es un país liberal, implementó el mayor plan de apoyo económico del mundo con la ley de “Ayuda, Alivio y Seguridad Económica del Coronavirus” (CARES). El Estado le otorgó subsidios a contribuyentes y sus familias y a desempleados. Se financió a instituciones de vivienda y se prohibieron desalojos. También recibieron partidas especiales las empresas y las organizaciones sin fines de Lucro. Se destinaron recursos a la asistencia alimentaria, a la inversión en infraestructura y seguros de salud y para préstamos a estudiantes, entre otros.

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