Neoliberalismo tardío: Entre la hegemonía y la inviabilidad. El cambio de ciclo en la Argentina

Por Daniel García Delgado y Agustina Gradin*

 

DOSSIER NEOLIBERALISMO Y SOCIEDADEl cambio de ciclo político y económico en la región, a partir del ascenso de la derecha en Argentina y Brasil entre 2015 y 2016, nos impone la obligación de reflexionar este nuevo escenario que ha producido un giro sustantivo del rumbo de los anteriores gobiernos nacional-populares. Este Neoliberalismo tardío, en tanto modelo económico, social y geopolítico tiene características distintivas respecto de los ´70 y los ´90. La actual coyuntura en Argentina, Brasil y otros países de la región, muestra cambios estructurales tanto en los modelos de acumulación, los patrones de distribución de riqueza y de poder, como en las subjetividades promovidas por los medios masivos de comunicación y por las redes sociales. Ahora bien, ¿por qué Neoliberalismo tardío? Porque los rasgos políticos y económicos de los gobiernos de derecha en Argentina, Perú y Brasil, y los avances opositores en Venezuela, Colombia, Ecuador y Bolivia, nos permiten suponer una nueva etapa neoliberal. Etapa caracterizada por una feroz disputa por la reestructuración de la distribución de la riqueza a favor de los sectores concentrados de la economía; por un nuevo proceso de endeudamiento externo; la apertura de la economía; la desindustrialización; y el intento de bajar salarios y niveles de consumo de los sectores mayoritarios. Sin embargo, consideramos novedoso el nuevo ciclo, en la medida que tanto el contexto político interno de cada país (el acceso de la derecha al poder a través de mecanismos institucionales y legales, aunque poco legítimos para el caso brasilero), el escenario económico global y regional (el aumento de la desigualdad global en la distribución de la riqueza), así como geopolítico (el ascenso de Donald Trump en los Estados Unidos y sus conflictos con los principales países de las BRICS, o el avance de la derecha en Europa y el conflicto en medio oriente), muestran diferencias sustantivas a las etapas precedentes.

En el plano subjetivo, el sujeto empresarial es el actor principal de las coaliciones de gobierno y la gestión de lo público, con aspectos distintivos de los ´90. Desde las apelaciones al marketing y a la exaltación de una cultura liberal e individualista se construye la hegemonía del Neoliberalismo tardío. Esta se caracteriza por las formas de hacer política “posmodernas”, y el “emprendedurismo”, ancladas en un proceso de crisis de representación histórico de nuestras sociedades. Se pretende reemplazar la militancia partidaria, por un nuevo sujeto político basado en una identificación des-clasada (sin anclaje de clase), y renuente al conflicto y a la disputa de intereses, soslayando desigualdades estructurales en la distribución de recursos dentro de las sociedades latinoamericanas. La retórica anticorrupción contacta con esta forma pospolítica de construcción de sentidos, distintivo de éstos gobiernos neoliberales pero tardíos. Entre las líneas de continuidad, el bagaje clásico liberal de más mercado y menos Estado, el ajuste y la desregulación, enfatizando el perfil agroexportador y privatizador. Dicho lo anterior, lo tardío se explica por tres razones. Primero, porque ya no existe el paradigma del pensamiento único de Washington, es decir la crisis neoliberal de principio de siglo mostró los límites de ese modelo económico y social. Segundo, el contexto de un mundo multipolar, agravado por el estancamiento económico y el proteccionismo de los países centrales, es totalmente diferente a la fase aperturista y unipolar de los ´90. Y tercero, las sociedades de la región que atravesaron el giro popular neodesarrollista han consolidado su conciencia de sus derechos y de sus posibilidades de acceso a mejores condiciones de vida, ingresos y oportunidades. Todo esto es, por lo menos hasta ahora, una memoria fresca de que “otro mundo es posible”.

 

El Neoliberalismo tardío

Esta nueva versión neoliberal con elementos comunes con anteriores ciclos muestra distancias sustantivas en las dimensiones económica-internacional y político-cultural. Proponemos un análisis de lo novedoso de la nueva configuración del poder neoliberal tardío, y las posibles resistencias, conflictos y líneas de quiebre, lo cual nos impone indagar sobre el dilema de construir una alternativa en las nuevas circunstancias.

 

1-Especialización productiva, endeudamiento externo y “volver al mundo”.

Las políticas públicas de los gobiernos neoliberales de la región desde 2016 procuran una transformación estructural en la producción y en la distribución de la renta de nuestras sociedades. De los procesos de desarrollo inclusivos y reindustrializadores de los gobiernos nacionales-populares, se vuelve a una economía de especialización productiva, anclada en las exportaciones agroindustriales y en la sociedad de servicios. Para financiar esta estrategia, como señalan Martín Burgos y Estanislao Malic, debieron retomar el endeudamiento externo y sus lógicas políticas económicas. La falta de inversión de las burguesías es un elemento permanente del problema. Como señala Horacio Rovelli: “Mientras en América Latina la inversión promedio del Estado equivale a 3% del PIB, en el sudeste y en el oriente asiático y China es 15% promedio”. Y si se suma al sector privado –que en América Latina no tiene las regulaciones ni el disciplinamiento de Asia– “la inversión y reposición del capital en nuestra región no llega ni a la mitad que en aquella otra”. Para Rovelli, el Estado latinoamericano es débil y sus burguesías apenas intentan engancharse en las cadenas de valor globales subordinadamente, además de tener altísimas tasas de ganancias aquí y fugar sus rentas hacia el exterior. Otro cambio es la inserción internacional, coherente con sus presupuestos de libre mercado y de no regulaciones para las multinacionales y el libre flujo de capitales. Se trata de una adhesión geopolítica en el conflicto que el norte desarrollado mantiene con China, Rusia, y el conflicto en Medio Oriente con el Estado islámico. El “volver al mundo” es una forma de vincularse con el resto del mundo, distinta a la de fortalecimiento de la integración regional y de la multipolaridad de los gobiernos nacional-populares. Así el gobierno de Cambiemos en Argentina, y el de Temer en Brasil, retoman la inserción alineada y subordinada con los países desarrollados del norte, particularmente con los Estados Unidos, como eje de su política internacional y geopolítica.

 

  1. Democracia restringida y judicialización de la política.

En relación al Estado de los CEO´s y al proceso de modernización de ruptura, cabe preguntarnos: ¿en qué medida el neoliberalismo está influyendo no sólo en el modelo económico de acumulación y concentración, sino en el sistema democrático mismo? En la medida que aumenta la concentración de la riqueza, las desigualdades se hacen más evidentes. Claramente, la nueva relación en favor del poder económico fáctico, financiero, transnacional y comunicacional introduce un desequilibrio en el régimen democrático, en su distribución del poder. Esto nos interpela sobre la calidad de la democracia y su futuro funcionamiento con gobiernos de clases, de ricos para ricos. ¿Vamos hacia una posdemocracia, en términos de Crouch (2004); hacia una democracia ‘de baja intensidad’, como diría O´ Donnell (2007), o hacia democracias ‘capturadas’ según Mizrahi (2017)?  Esto abre los siguientes interrogantes: ¿qué tipo de democracias se están constituyendo en la nueva configuración política de los capitalismos en la etapa financiera global poscrisis del 2008? Lo sistémico, el poder financiero y el poder corporativo y la desigualdad, entre otros, ¿en qué medida no hacen mella en una concepción de democracia como estilo de vida, participación y como soberanía popular?

En la teoría y praxis del Neoliberalismo tardío, la judicialización de la política adquiere un rol relevante en el cambio de ciclo en América del Sur. Mirada desde la perspectiva democrática en el gobierno de los CEO´s, la judicialización de la política es un momento dentro de una empresa más global de sumisión de la política a los poderes fácticos. Una vez más, se está poniendo en acto la fuerza destructiva de los poderes fácticos del país respecto de cualquier forma de autonomía de la política.

 

  1. La construcción de consensos y la “batalla cultural”.

La batalla cultural es el objetivo de un gobierno que intenta cambiar el imaginario popular a fin de lograr que los sectores populares sean soporte electoral de los gobiernos conservadores. Sus estrategias descansan en la comunicación, las redes y los mass medias concentrados y trasnacionalizados. A través de su relato, como analizan Gabriel Vommaro y Verónica Soto Pimentel, se intenta normalizar la desigualdad que produce la economía política dominante, proponiendo que el periodo anterior fue sólo una ilusión de las mejoras en las condiciones de vida. Una ilusión y un error económico. Los medios masivos se convirtieron en la clave de ese funcionamiento, que busca convencer a la mayoría de la sociedad para que asuma sacrificios sobre sus condiciones de trabajo y su calidad de vida, con el argumento de que la ampliación de derechos y la capacidad de consumo en la década anterior fue una “pesada herencia” a pagar o sincerar. El sentido común a configurar se ancla en el desmantelamiento de la “ilusión” de la década populista, ese consumo “desmedido” de los sectores populares y medios. De la fantasía del “mejoramiento constante de ingresos y de ampliación del acceso a bienes”, asistimos al sentido común del “sinceramiento económico”. De esto se desprende que la “batalla cultural” es por la hegemonía, en la medida que los sectores subordinados acepten la visión del mundo de los dominadores. También es importante en la construcción del nuevo imaginario legítimante del Neoliberalismo tardío, el discurso político new age, pospolítico, individualista, emprendedor. La apuesta es trasladar a la gestión esta estrategia de comunicación altamente tecnologizada, los textos se construyen con un sentido más publicitario y emocional que político y argumentativo, y tienden a segmentar lenguajes diferentes y coloquiales. Ejemplo de ello, es el timbrazo de cercanía, viralizado por las redes sociales. Se apunta a la creación de ilusiones virtuales con un discurso emotivo. La posverdad es la mentira verdadera. El objetivo del poder ha llevado en la posmodernidad a un nuevo estatuto epistemológico, en donde se puede afirmar cualquier cosa en la medida que se pueda construir alguna verosimilitud de la misma.

 

  1. La fragmentación social y política

¿A qué apunta la construcción de la hegemonía? A la fragmentación del demos, en tanto referente empírico del poder (otrora, pueblo o ciudadanos). Es decir, a la enorme capacidad del nuevo poder de dividir tanto a las mediaciones opositoras como a la sociedad civil. El demos, para el Neoliberalismo tardío, es entendido como públicos segmentados y construidos como un mercado de públicos diferentes. El pueblo como proyecto político, se desanima y desvanece sobre un  sistemático bombardeo de argumentos como “la herencia recibida”, “el sinceramiento de la realidad” y “las fantasías populistas”. ¿Y cuáles son las estrategias de fragmentación? En primer lugar, la represión de las demandas emergentes. Desde la encarcelación arbitraria de líderes sociales y la persecución hasta la represión directa; esto tiene límites pues no garantiza la gobernabilidad social en países con la tradición beligerante de nuestra región. Otra estrategia de fragmentación es discursiva y opera sobre la legitimidad de los propios actores, y sobre las formas de canalización de sus demandas. El Neoliberalismo tardío en su apelación al ciudadano común y desinteresado, altruista y voluntarioso, despolitiza los conflictos sociales que emergen de la contradicción de intereses impuesta por la lógica económica.  Las resistencias irrumpen en la agenda gubernamental, mostrando los límites de la sustentabilidad de un proyecto que pretende funcionar con una parte de la sociedad por fuera del sistema económico y social. Sin embargo, la capacidad política del Neoliberalismo tardío es justamente la fragmentación de quienes protagonizan estas protestas, en pos de evitar su articulación política general. Y aquí surge una paradoja del Neoliberalismo tardío, en tanto desprecia el rol regulador del Estado en la economía, hace uso del mismo en la regulación del conflicto social. A su vez, se busca destruir la legitimidad de las mediaciones sociales y políticas, ya sean sindicatos, partidos políticos o movimientos sociales, “partidizando” sus acciones (con constantes denuncias de “kirchneristas”, “opositores” o “corruptos”). Esto último reviste una gravedad política, en términos de gobernabilidad de las sociedades, ya que estas estructuras intermedias garantizan la cohesión social en situaciones de desigualdad como las que viven actualmente nuestros países.

 

  1. El gobierno de los CEO´s y una nueva reforma estructural del Estado

La economía política del Neoliberalismo tardío presenta una novedosa forma de vinculación entre los principales actores económicos y el Estado nacional. Como señalan Martín Astarita y Sergio De Piero, el gobierno macrista presenta características de una nueva élite empresarial. Desde su acceso al gobierno por vía institucional hasta su estilo de gestión pública y su articulación con los otros actores políticos del sistema, la relación entre el Neoliberalismo tardío y el Estado está atravesada por una contradicción principal: ¿cómo hacer converger el interés del poder económico concentrado con los intereses mayoritarios? El Neoliberalismo tardío no se fundamenta en un Estado ‘mínimo’ ni es explícitamente privatista como promovía el Consenso de Washington. Tiene otra elaboración discursiva y de políticas públicas, pero similares intenciones, en cuanto a potenciar el rol privado del Estado y a establecer una lógica de acumulación asociada a los intereses de las multinacionales, sin mediación política alguna y en contradicción con la década precedente. Lo cierto es que quienes hasta ayer conducían, en la vida privada, áreas principales de la actividad económica, pasaron hoy a regularla desde el Estado. Hay detrás de esto un problema ético insalvable. La transformación del sector público en el Neoliberalismo tardío se basa en el paradigma de los gobiernos abiertos con fuerte énfasis en la tecnología. Una modernización de ruptura, como analiza Daniel García Delgado, que cuestiona todo lo sustantivo de la década anterior, y asume la tecnología y la información como parte de un paradigma despolitizador de la administración pública. Se apunta a una perspectiva meritocrática, esencialmente una modernización de ruptura y una tercera reforma del Estado. Sin lugar a dudas, una ruptura porque no valoriza la experiencia acumulada por el sector público en estos últimos quince años. Por último, esta modernización de ruptura en el Neoliberalismo tardío se expresa principalmente en su (in)capacidad de gestión de políticas públicas.

 

Conflictos y resistencias al Neoliberalismo tardío

Las características señaladas dejan entrever límites y líneas de quiebre en el modelo neoliberal tardío que permiten avizorar un escenario futuro de cierta complejidad. En primer lugar, el límite del proceso económico macro estructural. La velocidad de los cambios en la distribución del ingreso a favor de los sectores concentrados y el deterioro de indicadores como el consumo, el empleo y la pobreza, muestran un panorama complicado para la sostenibilidad política y social del modelo de acumulación, aún con los recursos mediáticos y judiciales con los que cuenta. En segundo lugar, la predisposición a la protesta de una sociedad civil con conciencia de derechos, y con capacidad de movilización; la necesidad de articular políticamente con los propios actores evidencia un límite a la gobernabilidad neoliberal basada en el ajuste.

Por último, señalamos el gran dilema planteado por el Neoliberalismo tardío al sistema político: la fragmentación de la oposición. El dilema de la oposición consiste en que sabe muy bien que la unidad es lo único que puede detener un rumbo contrario a los intereses mayoritarios, mientras que, para el oficialismo, la división le es funcional. Y que, si bien todos afirman el deseo de unidad, en lo profundo hay una cesura entre dos modos de plantarse frente al gobierno: el de la “oposición simulada” y el de la oposición pero que afronta el permanente hostigamiento judicial y mediático. Las sociedades bajo el Neoliberalismo tardío oscilan así en un estrecho sendero entre la hegemonía y la inviabilidad económica, política, social y cultural. Para el Neoliberalismo tardío la única salida ante la creciente recesión por el aumento del desempleo, la inflación y la reducción del consumo, es profundizar el ajuste y los mecanismos represivos. Este escenario evidencia la inviabilidad del Neoliberalismo tardío. Sin embargo, la resolución de este dilema para el gobierno argentino, y en parte también para el de Brasil, radica en la capacidad, o no, de la oposición real de configurar una coalición amplia que dispute la hegemonía política de la sociedad.

*Compiladores de “El Neoliberalismo tardío. Teoría y praxis”. Documento de Trabajo N°5. Editado por FLACSO.