La soja del Plan Belgrano

OPINIÓN

Por Pedro Peretti*

Buena parte del debate durante la 125 fue acerca de la eliminación de las retenciones o su segmentación. La derecha con el inestimable apoyo de un sector de la FAA, cuya cabeza visible era el hoy senador Alfredo De Angelis, sostenía que “para qué me lo quitan si después me lo devuelven”, un consignismo hueco, pero efectista. Seguía el discurso con: «Es inaplicable, imposible de instrumentar”. La arenga continuaba condimentada por una de las definiciones más perversas, y que más resultado político le dio a la derecha agraria, “todos los productores son iguales”. Eran casi socialistas. Remataban, por supuesto, con una sentencia-advertencia, de orden moral, que parecía contener el sumun del sentido común y la verdad revelada: “no te lo van a devolver”. Los defensores de las políticas públicas diferenciadas decíamos que no es justo tratar como iguales a los que son estructuralmente distintos, que un Estado que paga casi 6.000.000 de jubilaciones diferenciadas, cómo no va a poder pagar y controlar las retenciones de 60.000 sojeros o 29.000 productores de trigo. Que si bien se podía hacer técnicamente y era muy sencillo practicar la retención directa en el precio (sin devolución), tenía un impedimento constitucional: somos todos iguales ante la ley… aunque la más elemental filosofía callejera indique que hay “más iguales que otros”, había que cobrarles a todos la misma retención y después practicar la devolución. Kicillof organiza la primera gran política pública agraria segmentada orientada a pequeños y medianos productores, en acuerdo con la FAA; busca fortalecer a un universo estimado de 46.124 productores, devolviéndole una parte de las retenciones. Funcionó muy bien. ¡Qué no dijo la derecha! “Traidores, corruptos, cooptados, es una dadiva, vendidos” etc. etc. El programa fue exitoso, no perfecto. Todos los que cumplieron los requisitos cobraron y de acuerdo con cómo se había pactado hacerlo; fue una medida seria, ejecutada seriamente. La presión mediática fue durísima y agobiante, ni los beneficiarios pudieron valorar y ponderar correctamente el beneficio que percibieron. Era tanta la retórica demagógica en contra, que terminó pareciendo una dadiva de verdad, cuando fue, en realidad, la más grande política pública ejecutada en el sector agrario, en forma diferenciada, casi 2.500 millones de pesos. Nunca se había puesto tanto cash para el segmento más chico de la pampa húmeda. Si fue bien o mal comunicada, y otros detalles conexos no menores, es harina de otro costal.

Ahora gobierna la derecha, en medio de esta auténtica revolución de los ricos, que tiene tan pésima memoria, que lo que hace apenas 12 meses decía que no se podía hacer que, era imposible, horrible, etc.; ahora lo hace en beneficio propio… es decir de una minoría privilegiada. Decide segmentar. ¡Sí… s.e.g.m.e.n.t.a.r! Repítamelo, escriba… sí, segmentar su política de retenciones a la soja y devolver el 5% del valor FOB a los productores que desarrollan su labor dentro de los límites geográficos del denominado Plan “verso electoral” Belgrano. “La retención segmentada duplica márgenes sojeros lejos del puerto”, titula el diario El Litoral de Santa Fe. Continúa en la bajada: “Un trabajo realizado por los técnicos Julio Calzada, Emilce Terre y Sofía Corina sirve para dimensionar el impacto del reintegro del 5% del valor de la exportación de soja, dispuesta para productores de Corrientes, Misiones, Chaco, Santiago del Estero, Formosa, Tucumán, Salta, Jujuy, La Rioja y Catamarca”. (Campolitoral semana del 8 al 14 de octubre de 2016) Es una de las más reaccionarias y retrogradas medidas que se ha tomado en política agropecuaria en los últimos tiempos. No por la incidencia presupuestaria que tiene, sino por el pésimo mensaje que trasmite desde lo político, lo económico, lo ambiental, lo social, lo humano, lo territorial. Hace más rica a una minoría ya escandalosamente rica, merced a un privilegio; porque esto es un privilegio, no una política pública. Es privilegio disfrazado de reparación histórica, con un costo fiscal estimado entre 60 y 100 millones de dólares según cómo se haga la cuenta; orientado a un puñado de depredadores ambientales, disfrazados de “productores de soja de zonas alejadas del puerto”. Pero lo peor de lo peor no es la transferencia monetaria; es el mensaje implícito que conlleva la decisión, es una auténtica incitación a sojizar el país, donde no se debe ni puede. Es fea, horrible, por donde se la mire. Es un auténtico festival del retrogrado e inhumano modelo agrario de monocultivo inducido con concentración de tierras y rentas…
La Argentina no resiste un metro más de soja ni un centímetro menos de bosque. Pero no he visto ni leído a ningún dirigente agrario que en la otra etapa decía que no se podían segmentar las retenciones, los que se desgañitaban gritando: “¿Para qué me lo quitan si después me lo devuelven?”. ¡Oponerse ahora! ¿Dirán algo? ¿Si dicen, qué dirán? Cosas veredes Sancho… decía el Quijote.

*Ex director de la Federación Agraria y actualmente integrante de la línea interna Grito de Alcorta. Escritor.

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