YES, WE CAN (‘T BREATHE)

Por Aldo Ternavasio*

¿En qué mundo el bloqueo a Cuba no constituye un crimen de Lesa Humanidad? En un mundo (que estaba) dominado por un Estado carcelario.
Mientras EEUU cuenta con el 5% de la población mundial, en sus prisiones están encerrados el 25% de los presos del planeta. Su población carcelaria se acerca a la población total de Cuba.
En 1946 las Fuerzas Armadas norteamericanas fundaron en Panamá la Escuela de las Américas (hoy Instituto del Hemisferio Occidental para la Cooperación en Seguridad). Allí se diseñó toda la política contrainsurgente que implementaron las dictaduras latinoamericanas a las que se les enseñó estrategias y tácticas paraestatales. Entre ellas, las de secuestro y tortura. Hoy EEUU tiene centros legalmente clandestinos en todos los continentes. Sin ir más lejos, Guantánamo en Cuba.

Mientras se estima que terminar con el hambre costaría unos 35.000 millones de dólares anuales, el gasto norteamericano en defensa supera los 700.000 millones de dólares. Tal vez valga la pena ver el número: 700.000.000.000. Varias veces mayor que el de Rusia y China juntos.
Los norteamericanos consumen en proporción 5 veces más recursos planetarios que el resto. Para que todos los humanos puedan vivir como ellos se necesitarían los recursos de 5 planetas Tierra (llamada para Elon Musk).
Tienen tasas de homicidios varias veces más altas que cualquier país desarrollado y apenas un poco más bajas que la de los 2 o 3 países pobres que lo superan.
Las escuelas entrenan a los alumnos para reaccionar en caso de tiroteos. Éstos se producen cotidianamente. En 2020 hubo más de 600 y todo indica que este año se superará esa cifra.
Y ni hablar de sus alianzas en medio oriente…
¿Significa esto que deberíamos legitimar todo lo que ocurre en Cuba? Desde luego, no. Pero los cubanos tienen derecho a decidir la forma en que vivirán. No se me ocurre cosa más cruel que un bloqueo en pandemia.
Pero de una forma u otra, todos sabemos estás cosas. ¿Alguien aún puede creer que hay primer mundo sin el tercero? Los números que muestra el balance de la victoria Neoliberal son inequívocos: «las 26 personas más ricas del mundo tienen la misma riqueza que los 3.800 millones de personas más pobres». Nuevamente, veamos la cifra: 26 vs. 3.800.000.000.

A treinta años de que el Departamento de Estado anunciara el Fin de la Historia a través de uno de sus intelectuales, Francis Fukuyama, ¿qué es realmente lo que no toleran de Cuba, un país minúsculo, económica y militarmente irrelevante?
Más allá de la épica foquista de la guerrilla de Fidel y el Che, lo que perseveró es la tenacidad de un pueblo que minuto a minuto, día a día, año tras año no renunció a inventar sus propias formas de vida. Y lo hizo en las más difíciles condiciones externas e internas (suponiendo que el bloqueo permita separar ambas instancias). Esa tenacidad proyecta una sombra sobre el “hogar de los valientes” que les recuerda que viven con todos sus misiles nucleares apuntados al corazón de su propia Nación.

Vivimos atrapados en el cliché de la vida neoliberal. Y si su brutalidad —a la vez ostensible e imperceptible—, aún nos resulta tolerable es solamente porque sus ubicuos dispositivos micropolíticos, que tantos placeres nos prodigan, también nos impiden ver todas las formas de vida posibles que nos prohíben. La dictadura de la productividad.
Si solo somos capaces de ver la Cuba del PC es porque somos ciudadanos de hecho (ciudadanos de primera o de cuarta, da igual) de la Cuba Norteamericana. Esa Cuba dónde se macera lo más exquisito del capital.
El célebre libro de Fukuyama se llamaba “El fin de la historia y el último hombre”. Cómo era el último hombre de Fukuyama: era hombre, capitalista, liberal (neo), urbano, jefe, propietario y, a todos los fines, blanco nativo o por opción. Antes que nada, individualista, emprendedor y autorealizado solo por medio del consumo.
Hoy el Fin de la historia tiene otras resonancias mucho menos exitistas. Lo que el Gran Gendarme Crepuscular no termina de matar es lo que no lo deja respirar. No, we can’t breathe.
Sin embargo, todavía sigue siendo más fácil imaginar el fin del mundo que el final del bloqueo a los cubanos.
¿Lo es? Puede ser. Pero si EEUU aportó el cliché del último Hombre, quizas Chile nos esté dando la imagen de la Primera Humanidad Mujer.

*Docente Escuela de Cine, UNT. Ensayista.