Los efectos de la estafa privatizadora

Una mirada sobre la trama detrás del control de la energía, la estafa privatizadora y sus efectos en nuestro país, y los nombres del poder que sigue desafiando al Estado.

 

Por Juan Serra*

La crisis global que desató el Covid-19 pone al descubierto algunas deficiencias del modo de vida moderno. Lo primero que iluminó el virus fueron las deficiencias en los sistemas públicos de salud, pero a medida que se va profundizando la crisis aparecen otras, y sobre todo una GRAN ESTAFA que no alude precisamente a la exitosa película del año 2001 protagonizada por George Clooney, aunque se trate de una estafa de película.

Veamos. Para que una estafa funcione bien se deben cumplir tres requisitos. El primero es el truco o engaño, el segundo es ganarse la confianza de la víctima, y el tercero es el pase de los bienes del estafado al estafador.
Seguramente hemos oído y visto muchas de estas situaciones, pero en la mayoría de los casos creemos que les pasa a otros y no a nosotros, porque somos menos confiados, o más atentos, o más informados, en fin, porque somos más vivos. Lamento decirles a los lectores que la genialidad de la estafa que vamos a contar se debe a que involucra a todo el mundo, como el Covid-19: es muy democrática en su forma de operar-engañar-robar, y muy monárquica en la distribución del botín.

El contexto. En una economía de mercado como la de nuestro país, si bien los actores económicos y los centros de estudios recitan las bondades de la libre oferta y la libre demanda, sabido es que en el fondo la economía no funciona así y todos sueñan con llegar a ser proveedores únicos de un bien indispensable, como es la Energía Eléctrica. Pues ella es la actriz principal de esta la Gran Estafa.
Entre 1946 y 1963 se produce una ola de nacionalización de empresas eléctricas en todo el mundo, ya que al finalizar la Segunda Guerra Mundial, los Estados Nacionales comprendieron la importancia de controlar y planificar el mercado de un servicio vital para el modo de vida moderno y para la defensa nacional. Los países tomaron en ese momento una decisión política bajo un relato de soberanía energética.
A partir de 1980, las grandes empresas y las multinacionales, ante la disminución de sus tasas de ganancia, ven a las empresas públicas como una buena alternativa para revertir la caída. Con el apoyo del FMI y el Banco Mundial elaboran una estrategia para presionar a los gobiernos y obligarlos a sancionar leyes que fomenten procesos de privatización.
“Entre 1988 y 1993 la ola privatizadora impulsada por el FMI y el Banco Mundial alcanzó a 2.700 empresas públicas en 95 países. Salvo Cuba, la privatización de las empresas públicas alcanzó a todos los países Latinoamericanos”. Durante esos años “el relato de moda” en los países fue la necesidad de contar con empresas eficientes en lugar de contar con soberanía energética.

La trampa o el engaño. Los gobiernos anuncian la desregulación del sistema eléctrico prometiendo, junto con las empresas interesadas, que el beneficiado final será el consumidor, que obtendrá con la privatización un mejor servicio, un mejor precio y el fin de los cortes. Adicionalmente se promete también disminuir la contaminación ambiental. El engaño es “la promesa de un mundo mejor”.

Ganarse la confianza de la víctima. La estrategia de privatización se inicia con una gran campaña en los medios de comunicación, programas de televisión, boletines informativos, opiniones de expertos, discursos, informes de asesorías, programas educativos, etc., donde se descalifica al Estado como organismo competente para manejar los servicios públicos y se ensalza a las empresas privadas por ser más eficientes. Una costosa y persistente manipulación logra crear en el sentido común de los consumidores y sus representantes políticos que la privatización será muy beneficiosa para los países y sus habitantes.

Pasar bienes de los estafados al estafador. “Se propone una desregulación del sistema eléctrico cuando en realidad no se trata de eliminar regulaciones sino privatizar y sustituir aquellas que protegen al público y el ambiente por otras que garanticen un libre funcionamiento de las empresas privadas” .
“El resultado final de las privatizaciones es que se han perdido empleos, los precios de la electricidad han subido, los servicios han empeorado, la contaminación ambiental aumentado y el Estado y los contribuyentes tienen que salir al rescate de las empresas privadas en los momentos difíciles” .
“Un estudio del Banco Mundial entre 61 empresas privatizadas en 18 países encontró que su rentabilidad se elevó en promedio 45% a expensas de los trabajadores y consumidores, más que a través de un manejo experto”
Como ejemplo top en el mundo, está el de nuestro vecino. Antes de ser privatizado, el de Brasil era considerado el mejor sistema hidroeléctrico del mundo, se lo conocía como “la Arabia Saudita de la electricidad”, un botín muy preciado por las empresas extranjeras. En 1990, el gobierno brasilero crea el Programa Nacional de Privatización, en 1995 modifica la Constitución para garantizar un trato igualitario entre empresas extranjeras y empresas brasileras, y hacia el final de 2001, cuando el 65% de la distribución eléctrica ya era de propiedad privada, “elperiódico británico The Observer filtra los documentos de una reunión del Consejo Británico Brasileño donde se recomendaban las siguientes acciones para mejorar la eficiencia en el mercado laboral: Reducir sueldos y prestaciones, recortar jubilaciones, aumentar las horas laborales, reducir la estabilidad laboral y el empleo”

El resultado con final abierto. La privatización fue y es una estafa al no cumplir con las promesas y enriquecer a los accionistas de las empresas estafadoras. Para los países la experiencia fue un fracaso, para las empresas un éxito que aún continúa, ya que siguen prometiendo “que más adelante se verán los buenos resultados”. La GRAN ESTAFA se ha concretado, y los consumidores no pueden “tomar o dejar” un producto convertido en servicio esencial, con la amenaza permanente y encubierta de los cortes como presión a los gobiernos.

La lucha por el control de la electricidad en Argentina y en el mundo sigue un patrón de Manual, donde los gobiernos toman decisiones de política económica al solo efecto de trasladar recursos desde los usuarios y el Estado hacia las Empresas monopólicas. Quién es el estafador y quién el estafado, o quién gana y quién pone el dinero, depende del gobierno que se trate. Es obvio que los accionistas de las empresas privadas no invierten para mejorar la calidad de vida de los usuarios sino para ganar más dinero.
La historia del control de la electricidad en cualquier país del mundo, desarrollado o en vías de desarrollo, así lo demuestra.
Para el interesado en seguir la historia de lo que ocurrió en nuestro país y el estado actual de esa disputa, basta con repasar los informes del “Observatorio de la Energía, Tecnología e Infraestructura para el Desarrollo” donde afirman que “Marcelo Mindlin, Nicolás Caputo, Rogelio Pagano, Mauricio Macri, Joseph Lewis y otros son accionistas y dueños de un entramado de empresas generadoras, transportadoras y distribuidoras que concentran el 51% de los usuarios del servicio público de electricidad a nivel nacional, así como el 49% de la demanda total. Estos dueños obtuvieron ganancias en 2017, primer año del tarifazo, por 11.303 millones de pesos, esto es, casi 1.000 millones de pesos por mes”.
Por otro lado según la revista Forbes, especializada en el mundo de los negocios y las finanzas, Marcelo Mindlin, fundador de Pampa Energía, la principal empresa eléctrica de nuestro país, ocupaba en 2005 el puesto 103 de los hombres más ricos de Argentina. En 2019 pasó a ocupar el puesto 10.

Como dijo alguien por ahí, “no es que estos empresarios sean inhumanos, tienen otra idea de humanidad”.

*Ex Coordinador NOA del INTI. Escritor y periodista. Integrante del Instituto de Producción Popular.

Referencias
1“Privatization and the Globalization of Energy Markets”, pp3-4
2 “La lucha por el control de la electricidad en el mundo”, Sharon Beder
3 Idem
4 Citado en Sidney Morning Herald, marzo de 1998.
5 “Energía y Poder, la lucha por el control de la electricidad en el mundo” de Sharon Beder, Fondo de Cultura Económica.

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