No tenemos lenguaje ante el virus, aún

Por Rosana Aldonate*

Un error de escritura
lo ha vuelto incontrolable
a este virus mutante**

Considero que esta pandemia tiene la condición de acontecimiento, ya que el acontecer no se puede sintetizar ni unificar, ocurre en su “singularidad irreductible”.
Pensaba que, quizás en este tiempo de pandemia causada por el coronavirus, sea la primera vez en la historia que podamos sopesar, en tiempo real, la emergencia de un cambio de época mientras aún está sucediendo.
La ocurrencia del fenómeno es de tal actualidad que aún los filósofos del momento no saben bien qué hipotetizar al respecto, algunos incluso debieron rectificar sus primeras manifestaciones acerca del tema. A la mayoría de ellos les interesa conjeturar sobre la incidencia política que ya tiene y la que tendrá esta nueva emergencia. De entre los pensadores escuchados o leídos, voy a citar a uno al que oí en estos días en una conferencia, se trata de Franco “Bifo” Berardi, quien plantea que el virus está actuando como recodificador universal, lo que conduce, según él, la interpretación de las cosas, las acciones y las relaciones en el contacto con un código que, no es el del dinero ni el de lo económico sino el de lo útil y del placer.
En lo personal, en el ámbito de la cuarentena, me noto tomada por un pensamiento recurrente cuando miro películas o series en las que, obviamente al ser todas anteriores a esta pandemia, muestran escenas de muchedumbres que circulan por las calles o encuentros en bares o acercamientos o contactos físicos en esos lugares comunes o públicos, los que no dejan de producirme cierta perplejidad, como algo que perteneciera a un pasado remoto. Del mismo modo que cuando vemos en películas anteriores a los ’90 que los personajes fuman en cualquier ocasión, nos asombramos porque lo hacemos desde una mirada posterior a la prohibición a fumar en lugares públicos cerrados que impera desde hace años ya. Acá retorna el punto al que “Bifo” Berardi también pone en la mira y que es la cuestión de inmunizarse psíquica y comunitariamente ante el otro a consecuencia de las prácticas preventivas imperativas para todos.
En estos días de cuarentena vi la película El día de la marmota, en la que el personaje principal se ve condenado a vivir todos los días el mismo día. El día de la marmota se avino a nombrar, como por antonomasia, todas aquellas situaciones que se repiten siempre igual, en cualquier ámbito. Por ejemplo, a la cuarentena bien podría decírsele El día de la marmota, no sabemos a ciencia cierta cuándo terminará y cada mañana, con o sin despertador, se reeditará para cada uno, un día como el mismo día, suspendido en el tiempo. Más allá de los contactos o comunicaciones por conexiones digitales, de los encuentros virtuales, de todos los días el mismo día, el tiempo es real con incidencia en el cuerpo, del cual el síntoma como acontecimiento de cuerpo anoticia en el malestar.
A medida que vamos retomando nuestras actividades habituales pero de modo virtual, vamos a la vez sumando otras que tal formato posibilita, y llega un momento en el que nos sobrecargamos de más trabajo y de más tiempo de trabajo que en el régimen anterior.
Es cierto que no todos estamos en encierro ni aislamiento preventivo, los profesionales de la salud en general, siguen trabajando en los servicios públicos desde el comienzo de la cuarentena. Las prácticas privadas y particulares son las que cayeron bajo la interdicción presencial.

El psicoanálisis en época de pandemia
El psicoanálisis también tuvo que reformular su modo de practicarse en estas circunstancias. Si convenimos en que el psicoanálisis se ha convertido en un “derecho del hombre” como dijo Miller en 2011, se actualiza y profundiza su afirmación de entonces de que resulta preferible adaptar el instrumento a cada analizante, y hoy agregaríamos, a las circunstancias imprevistas como la actual, por supuesto tratando de ser fiel a los fundamentos de la experiencia analítica.
Esta pandemia, con el distanciamiento social, o físico como quiere la OMS que se lo denomine, serviría tal vez para poner a prueba los límites del psicoanálisis, pero la realidad conminó a sus practicantes a seguir adaptando el instrumento reconduciéndolo por otras vías, las telefónicas y las virtuales.
Modos de atención respecto a los cuales hay distintas posiciones entre los analistas de la orientación lacaniana, a la que adhiero. Algunos son partidarios de continuar, en todos los casos, con el análisis por otros medios, ya que piensan la interrupción de los análisis como una resistencia. Al modo de la tesis que Freud esgrimiera en 1925, la de que «Todo lo que perturba la prosecución del trabajo –analítico- es una resistencia». Otros psicoanalistas en cambio suponen que estas formas virtuales o telefónicas hay que ofrecerlas a los analizantes, de entre quienes algunos las solicitarán, mientras otros preferirán retomar las sesiones luego en un modo presencial. Quizás los que se ubican en esta última perspectiva hagan más hincapié en el borde real, en la resistencia real, donde se experimentan los límites del psicoanálisis. Lo que queda entre paréntesis y como una cuestión a trabajar por los analistas en ambos casos es la cuestión de la presencia. En los distintos testimonios virtuales de analistas que pudimos escuchar en este tiempo de cuarentena respecto a la práctica virtual del análisis, se colige tal preocupación sobre este asunto de la presencia del analista, del cuerpo y del goce en el cuerpo.
Del lado de los analizantes o de los sujetos que consultan durante la cuarentena, ya sea porque padecen miedo, angustia u otros sufrimientos subjetivos, en el marco de lo traumático de la pandemia, se replica en lo traumático de cada uno allí donde el acontecimiento toca el cuerpo. En cada caso, distinto y singular serán los efectos.
Por otra parte, este virus que nos amenaza desde lo real con ley, como dice Bassols, pero una ley que aún no se descifra, nos tiene aislados o distanciados socialmente como única defensa a ser infectados por él. En cuanto seres hablantes que somos, el virus viene a sumarse a ese universo abierto que llamamos “feminización del mundo”, en tanto engrosa el goce por fuera del lenguaje; no hay modo de decirle NO al virus, aún.

*Psicoanalista. Escritora.

**Estrofa del poema Error de escritura de Rosana Aldonate.

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