“El propósito es incrementar las ganancias con la degradación del trabajo”

“El propósito es incrementar las ganancias con la degradación del trabajo”

REFORMA LABORAL EN ARGENTINA | Ricardo Aronskind, economista y académico de la Universidad Nacional de General Sarmiento, plantea que ante la reticencia del empresariado argentino a invertir en el país, la estrategia del gobierno es avanzar con la reforma laboral a costa de los derechos del trabajador para maximizar rápidamente la renta de las empresas. El rol de los sindicatos y la resistencia necesaria de todas las fuerzas de la oposición.

 

Por Aldo Ternavasio y Adriana Gil

 

– En la Argentina de Macri ¿consideras que existe el poder político para concretar una reforma laboral profunda al estilo de la que se hizo en Brasil?

 Creo que no. La reforma laboral en Brasil ha sido precedida por un largo período de deterioro económico y fuerte aumento del desempleo, de surgimiento de una nueva derecha militante y movilizada, y de un golpe institucional que removió a la Presidente que era un obstáculo para estas medidas. Hay allí un fuerte divorcio entre lo que votan los parlamentarios y la valoración popular de las reformas retrógradas que se están votando. En nuestro caso, frustrado el sueño conservador de que el kirchnerismo desaparezca, la existencia de un importante polo político opositor, junto con polos sindicales, culturales y comunicacionales (otro grave problema de Brasil), hacen que sea mucho más problemático el tema de avanzar con un ataque tan profundo al mundo del trabajo. En todo caso, no están aún dadas las condiciones, y hay que ver si el macrismo es capaz de crearlas.

 

-El gobierno nacional sostiene en su discurso que la baja competitividad argentina y los altos costos laborales son los impedimentos pa atraer inversiones ¿este relato tiene una relación con el funcionamiento real del poder económico global?

 Se trata de argumentos para manipular a la opinión pública. La verdadera competitividad externa se crea en base a inversiones que potencien la productividad del trabajo, como en Alemania o Japón. Pero si se trata de imitar a los países competitivos en base a mano de obra ultra-barata, ahí está Bangladesh, que paga salarios mensuales equivalentes a 1.000 pesos argentinos. Es decir, una estrategia que para nuestro país es inviable. En el fondo, lo único que se busca, es más ganancias para las empresas a costa de la miseria y la salud de los trabajadores.

 

– En países donde se hicieron reformas laborales ¿qué efectos tuvo sobre la economía real? ¿Logran los objetivos de empleo y desarrollo que dicen perseguir?

Las reformas laborales, en todo el planeta, buscan el objetivo de transferir ingresos del trabajo al capital. En muy pocos casos tienen un sentido “técnico”, es decir, favorecer formas de contratación que faciliten la utilización de mano de obra en nuevos procesos de producción. En el caso argentino, en el cual casi no existen empresas que realicen inversiones tecnológicas sustantivas, queda desnudo el propósito de incrementar ganancias con la degradación del trabajo.

 

– Si llegaran a prosperar las reformas pretendidas ¿hasta dónde crees que el macrismo podría avanzar en la destrucción de toda una tradición protectora de los derechos de los trabajadores? ¿Qué rol le asignas al actual sindicalismo en ese contexto y que otras fuerzas podrían oponer resistencia?

No sabemos hasta dónde se puede llegar, porque depende de qué fuerzas se pongan en juego en el proceso político. El contexto internacional hace rato que es desfavorable al trabajo, con el libre comercio y la utilización por parte de las multinacionales del trabajo mal remunerado de ciertos países para derrotar a los trabajadores de los países que tienen conquistas sociales importantes. Y recientemente, ha habido un vuelco retrógrado también en Sud América, con el gobierno ilegal de Temer en Brasil, que bate records de legislación que vuelve al siglo XIX para que el poder económico lo sostenga. En cuanto a nuestro país, da la impresión de que las viejas cúpulas sindicales están totalmente entregadas al modelo neoliberal, a tal punto que ni siquiera parecen tener voluntad de defender las estructuras sindicales en las cuales ellos hacen sus propios negocios. Es como si sintieran que ya están por jubilarse y no les importara nada. Pero no todo el sindicalismo es así, ni adentro ni afuera de la CGT, y hay muchos actores, y muy variados, que hoy no están suficientemente articulados pero que podrían converger. Incluso si la izquierda trotskista abandonara su sectarismo y aceptara hacer política de mayorías, la resistencia a la reforma neoliberal podría ser muy significativa.

 

– Una reforma laboral ¿beneficia por igual a todas las cámaras patronales o es posible realizar alguna alianza entre obreros y las patronales?

 La única posibilidad de una reforma laboral que beneficie a los trabajadores es que no destruya puestos de trabajo, ni reduzca salarios, ni degrade las condiciones de trabajo. Teóricamente eso es posible con un empresariado dinámico, que se plantee producir y generar riqueza, renovar la tecnología, crear bienes y servicios sofisticados. No es el caso de los sectores que hoy están  gobernando en la Argentina a través del macrismo, que ven al país como un espacio para hacer negocios particulares, sin consideración alguna por sus habitantes, salvo los naturales disimulos electorales.

 

– En los países centrales se observa la profundización de recortes sociales y debilitamiento de los derechos laborales ¿cómo describirías esta situación y a qué razones políticas y económicas obedece?

También en los países centrales se observan retrocesos, pero no en la magnitud de la periferia. También en Estados Unidos la situación es muy mala. Muchos trabajadores están bajo la línea de pobreza, como los de la empresa Wallmart, por ejemplo. En Alemania, en las últimas dos décadas se ha generado una capa de trabajadores muy mal pagos y flexibilizados. Todos están sometidos a la amenaza de que si no aceptan las condiciones favorables a las empresas, estas emigran hacia el exterior. Pero aún peor es la situación de los trabajadores jóvenes, con muchas dificultades para incorporarse al mercado laboral, ya que la tecnología global tiende a ahorrar mano de obra, a favor de la robotización. En caso que los jóvenes logren empleo, acceden por lo general a trabajos precarios y mal pagos. En el mundo periférico, la regla es la informalidad y la precariedad. Las razones de la involución que ha sufrido el mundo en las últimas décadas se deben buscar a fines de los años ´70, comienzos de los ´80, con el giro conservador liderado por Ronald Reagan en los Estados Unidos, Thatcher en el Reino Unidos, Helmut Kohl en Alemania y Deng Xiaoping en China. Es un giro global a favor del capital más concentrado, y perjudicial, en forma estructural, para los trabajadores tanto del centro como los de la periférica. Fue un cambio buscado, para desmontar las bases de la economía keynesiana, de pleno empleo, y para desarticular –cosa que continúan haciendo hoy en todo el planeta- las instituciones de bienestar y protección social.

 

–  ¿Cómo afectará al proceso de integración en la región si llegaran a realizarse estas reformas?

Con gobiernos neoliberales en los principales países de la región, no hay ninguna perspectiva de avance del proceso de integración, con o sin reformas laborales. Es más, la derecha uruguaya, a través del ex presidente Lacalle, ha propuesto recientemente que se disuelva el Mercosur. Es coherente, porque cada vez más las derechas regionales se asumen como los gestores locales de la globalización, es decir, como meros socios menores de los grandes capitales de los países centrales. Una región sudamericana autónoma les molesta. Lacalle explicita algo que, con distintos grados de sinceridad piensan los gobernantes de los otros países. El ex candidato presidencial Serra, de Brasil, también era hostil a la integración. También la derecha argentina, expresada en Cambiemos. Por eso la fascinación con la Alianza del Pacífico, un club de países con tratados de libre comercio con Estados Unidos. Creo que el próximo paso en ese sentido, y que también deberá ser rechazado con mucho vigor por la sociedad argentina, será el intento de firmar con la Unión Europea un tratado de libre comercio, que será ruinoso para la producción nacional. Los gobiernos latinoamericanos no han parado de realizar concesiones a los europeos, a cambio de unas migajas de mercado en la eurozona. Es mucho peor que el Tratado Roca-Runciman. Tenemos la oportunidad de estar a la altura de la historia y bloquear esa propuesta neocolonial.

 

– Habiendo transcurrido un año y medio de macrismo ¿cómo definirías al modelo de Cambiemos y cuáles crees que son los aspectos más preocupantes de su política económica a mediano y largo plazo? ¿Hacia dónde nos lleva este modelo económico?

 

Si el modelo económico del gobierno tuviera éxito, es previsible un país desindustrializado, con altos índices de desempleo, marginalidad y pobreza, exportador de commodities agrarias, mineras, gasíferas e hidrocarburíferas, con una sociedad fragmentada al peor estilo latinoamericano y altamente dependiente de poderes económicos externos. Una semicolonia, atada a los vaivenes de los precios internacionales, y de la tasa de interés a la cual crecerá una enorme deuda externa. Ese es el horizonte en caso de un pleno triunfo político, social, ideológico y cultural del macrismo. Creo que eso no ocurrirá, porque un país de 44 millones de habitantes no puede soportar un modelo pensado para cubrir a sólo 15 millones. No cierra ni social ni políticamente. Falta aún avanzar hacia una amplia convergencia popular en un gran plan de desarrollo y progreso nacional, con poder político para poder implementarlo.