“Todo es posible [juntos]” o la disolución de los límites democráticos

Por Adriana Gil

La coyuntura actual que atraviesa Argentina a un año y medio de gobierno de Cambiemos hace necesario analizar hacia dónde nos conduce el proyecto neoliberal en marcha y las consecuencias de un triunfo oficialista en octubre. En primer lugar, estamos frente a un gobierno que desconoce límites tanto en el orden político como en el orden jurídico, lo que equivale a decir el orden democrático. Siendo una minoría parlamentaria ha conseguido anular a su favor voluntades mayoritarias convirtiendo a disímiles sectores políticos en dispositivos efectivos para imponer una legislación en gran parte dañina para los intereses nacionales y de las mayorías, demostración clara de su habilidad política, algo que se subestimaba de esta fuerza. Hasta acá, salvo excepciones que honraron el pacto con sus votantes, el Congreso no pudo ponerle freno. Cambiemos ha cumplido claramente una promesa de campaña (no se puede decir lo mismo de otras) la de “volver al mundo”: indiscutible sintonía del macrismo con las graves instancias que enfrentan las democracias occidentales y cuya declinación vemos intensificarse en estos tiempos. Nos referimos a lo que Agamben denomina un “estado de excepción”, una suerte de democracia devenida “gubernamental” en la que el poder ejecutivo por medio de la “necesidad y la urgencia” se arroga una facultad que peligrosamente amenaza los derechos y las garantías constitucionales. El carácter “provisorio” de un decreto surgido de la necesidad pasa a constituir la “regla” y a institucionalizarse como modelador del orden jurídico para la concentración de poder y en perjuicio de la representación parlamentaria, es decir desempoderar a las mayorías. La designación de dos jueces de la Corte, la reforma de la Ley de Medios o la aún más grave postergación de la aplicación del Código Procesal penal, entre otros decretos dispuestos por Macri, demuestran las tensiones a que peligrosamente está dispuesto a exponer a la democracia el bloque de poder que se enuncia a sí mismo como el cambio cultural para el futuro.

¿Cuál es la mediación de la alianza Cambiemos? Casi nula por fuera de la Ceocracia que gerencia el Estado. En su paradigmático eslogan “todo es posible juntos” se comprime el poderío de marketing de gran efectividad con su decisión política y con los resortes del poder que le son afines. Si se nos permite un paréntesis: es cuanto menos perturbador reconocer que el elemento básico de los totalitarismos es precisamente que “todo es posible”.

En ese eslogan el macrismo expresa su proyecto neoliberal: administrar los recursos del Estado en un impune conflicto de intereses, legislar en beneficio de la riqueza y los privilegios de clase que representan e ir contra los derechos de las mayorías. Lo abrumador es la pretensión de que ese inmediato y casi constante favorecimiento al establishment, resulte aceptable a quienes son directamente perjudicados. Mientras la elite gobernante y los más ricos se aseguran el goce de la prosperidad en el presente, la mayoría del pueblo trabajador debería resignarla para un futuro que nunca termina de llegar. Pero si “la gente” protesta porque quiere comer, vestirse y vivir dignamente hoy, el gobierno de la “alegría” acciona una pirueta perversa y pone toda la culpa y la responsabilidad en el ciudadano: si se queda sin trabajo, si deja de consumir, algo estará haciendo mal.

Por otro lado, no menos inquietante, el todo es posible es algo en lo que el gobierno cree en términos de su desconocimiento de los límites y en su voluntad de producir reformas estructurales profundas. La desregulación financiera, la evasión fiscal, el debilitamiento de la legislación laboral y las políticas de ajuste pueden desmantelar un sistema político y social que aunque en Argentina nunca logró incluir a todos sus ciudadanos, avanzó en mejorar los estándares de calidad de vida. Un ejemplo devastador lo tenemos en Europa donde la tecnocracia neoliberal ha destruido su sólido estado de bienestar. Son gobiernos que siempre van contra los derechos populares porque estos amenazan sus angurrias de acumulación. Lo venimos viendo actuar al macrismo en una escalada de la represión; en la persecución a líderes políticos como Milagro Sala; en la alianza con el núcleo del poder judicial que históricamente activa contra las clases populares. Sin embargo, la amenaza más grave que enfrentamos hoy con la alianza Cambiemos se llama deuda externa. La toma de deuda es el dispositivo del poder financiero global para reconfigurar las economías dependientes y reprimarizar su matriz productiva con las consecuencias de perpetua pobreza, abandono y desigualdad para sus poblaciones.

Frente a este proceso político, el horizonte electoral adquiere hoy una dimensión crítica, la enorme responsabilidad de todos para construir una nueva mayoría en un programa político que frene el avance neoliberal. “Los hombres normales no saben que todo es posible.” citaba Arendt a David Rousset, tratando de entender las enormes crueldades que los hombres infligen a otros hombres. Nuestra responsabilidad también es entender que todo puede ser destruido; entender para registrar cuál es la verdadera cara del cambio que enfrentamos.