La palabra del presidente

Una notable promesa de campaña del presidente Macri poco antes de ganar las elecciones en el ballotage fue la de que en su presidencia se abocaría a lograr “pobreza cero”. Ofrecía para ello al mejor equipo en 50 años. A punto de cumplirse un año de su mandato, hay índices sociales alarmantes que señalan un rumbo opuesto a esa promesa. Lejos de impulsar el progreso y la mejor calidad de vida que “todos los argentinos nos merecemos” el programa político del gobierno nacional ha decidido que los inmediatos y casi exclusivos merecedores de bienestar son los sectores más poderosos económicamente del país.
Esas franjas de las elites agrarias, financieras y exportadoras vieron multiplicada su riqueza en el lapso de horas una vez producidas la devaluación y la quita de retenciones. Simultáneamente, un sostenido y hasta hoy imparable ajuste comenzaba a erosionar los ingresos de las mayorías asalariadas y por lo tanto, a empeorar su calidad de vida. Por muy eficiente que fuera la propaganda oficial guionada para machacar con la “pesada herencia k”, lo indiscutible es que hay una ruptura manifiesta del pacto electoral con esas mayorías y que eso es consecuencia de decisiones políticas propias del presidente. No era necesario ni urgente devaluar y quitar retenciones al mismo tiempo; es un hecho sin precedentes en la historia argentina, acometida evidentemente, por el compromiso previo de beneficiar a los aliados. Si se sostiene que la situación fiscal del país era de bancarrota, se torna inaceptable e inverosímil la opción de resignar recaudación y desfinanciar al Estado. La “pobreza cero” en medio de una revolución de alegría es una foto inexistente que Cambiemos se esfuerza por instalar. “No vas a perder nada de lo que tenes” se prometía desde el spot. Pero las primeras medidas produjeron la pérdida de cientos de miles de empleos en el Estado. ¿Cuántos de quienes perdieron su trabajo por esa decisión eran votantes de Cambiemos? Cualquiera sea el segmento que esos sectores ocupen en el universo de trabajadores, claramente están distantes del núcleo social de pertenencia e intereses del macrismo. Lo francamente afligente es lo poco advertidas que están de su propia realidad dichas mayorías asalariadas. El relato que construye la ideología de los CEOs que nos gobiernan es el relato de lo inverso de la realidad en un cinismo retorcido y aparentemente eficaz pero que más temprano que tarde será insuficiente para sostenerse. Al macrismo no le interesa sino profundizar la distancia que separa la burbuja de los más privilegiados de las mayorías populares; ahondar en esa diferenciación es crucial para su programa político. Y quien lo ha explicitado en toda su ferocidad, y por fuera del guion oficial, es Javier González Fraga: “¿Qué es eso de que un empleado medio con un sueldo medio pensara que podía comprar un smart, un auto y tener vacaciones? Eso no era normal.” Está claro entonces que lo normal para el pensamiento de Cambiemos es que los que menos tienen sigan viviendo con poco y que los que tienen casi nada se resignen a ser lo sobrante y sobrevivir. Al fin y al cabo, “volver al mundo” es justamente volver a esa normalidad en la que el 10% de la población mundial posee el 86% de los recursos disponibles y el 50% de la población no posee nada, como señala Badiou y añade: “Nuestro mundo reconfigura una situación oligárquica que conoció hace mucho tiempo.” Un dato: en Argentina siete (7) personas tienen más de 1000 millones de dólares: Rocca, Bulhgeroni, Eurnekian, Pérez Companc, Roemmers, Brito, Fortabat. Con patrimonios superiores a los 30 millones de dólares, incluidos los 7 anteriores, hay 1040 personas. Cada una de ellas tiene un promedio de 135 millones y en total, acumulan una riqueza neta de 140000 millones de dólares 1 . Este momento histórico nos recuerda a otros similares, tiempos de transferencias regresivas de la riqueza que producimos todos los habitantes del país en favor de los más poderosos, el inmediatamente anterior a la atroz crisis de 2001 por caso, que quebró al país, desintegró el tejido social y aplastó derechos y conquistas. En la noche del festejo triunfal del macrismo, las piruetas del inconsciente develaron en esta frase el verdadero cambio: “futuro por pasado”.
(1)

Fuentes: Wealth X, Forbes y Bloomberg.